Pecadores si, corruptos no

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Honduras celebra cada 9 de junio el Día Nacional de la Integridad y Lucha Contra La Corrupción en reconocimiento al natalicio del prócer José Trinidad Cabañas, un hombre intachable en todos los aspectos.

Al celebrar el Día Nacional de la Integridad y Lucha Contra La Corrupción, es importante traer a colación lo mencionado por el Papa Francisco, que se refiere a la corrupción como un “cáncer” que tiene que ser eliminado. Te queremos presentar cinco frases del Papa refiriéndose a la corrupción y como combatirla.

5. Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción

“Yo al pecado no le tengo miedo, le tengo miedo a la corrupción, que te va viciando el alma y el cuerpo. Un corrupto está tan seguro de sí mismo que no puede volver atrás. Son como esos pantanos chupadizos que querés volver atrás y te chupa. Es una ciénaga. Es la destrucción de la persona humana”

4. La corrupción no se combate con el silencio

“La corrupción no se combate con el silencio. Debemos hablar de ella, denunciar sus males, comprenderla para poder mostrar la voluntad de hacer valer la misericordia sobre la mezquindad, la belleza sobre la nada Pidamos juntos para que aquellos que tienen un poder material, político o espiritual no se dejen dominar por la corrupción”

3. La corrupción es la polilla, la gangrena de un pueblo

“La corrupción es la polilla, la gangrena de un pueblo, ningún político puede cumplir su rol si está chantajeado por corrupción. Esto se da en todos los pueblos del mundo, pero si un pueblo quiere mantener su dignidad, tiene que desterrarlo”

2. La corrupción degrada la dignidad de la persona

“La corrupción degrada la dignidad de la persona y destruye los ideales buenos y hermosos. La sociedad está llamada a comprometerse concretamente para combatir el cáncer de la corrupción que, con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad empobrece a todos”

1. Un corrupto no tiene necesidad de pedir perdón

“Dios nunca se cansa de perdonar. Pero, el pecador, a veces se anima y pide perdón. El problema es que el corrupto se cansa de pedir perdón y olvida de cómo se pide perdón. Esto es un problema grande. Es un estado de insensibilidad ante los valores, ante la destrucción, a la explotación de las personas. No es capaz de pedir perdón. Es como una condena aquí, es muy difícil ayudar a un corrupto, muy difícil, pero Dios puede hacerlo. Yo rezo por ello”

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