La vocación de ser maestro

La docencia es una gracia para la sociedad y más si se hace desde la fe

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La impartición del “pan del saber” bien realizada, en un signo eficaz del amor de Dios y va aportando al progreso de los pueblos, mucho más, si se lleva de la mano con la fe católica, porque al ser maestro en la academia y en valores, se puede también imprimir el amor de Dios.

Desafíos

Educar ante tanto ataque a los valores, buenas costumbres y la propia educación fundamental, es un reto, por lo que un docente cristiano, adquiere un gran compromiso. El profesor Germán Flores, afirma que “Como profesor católico, tengo las puertas abiertas para hablar de Dios en la introducción de cada clase, pero teniendo el cuidado de respetar y evitar lesionar las creencias de los demás, porque el Evangelio es para unir y no pelear”.

Además de esta vocación, unida a la profesión de fe, va ligado el testimonio que se irradia y el cual, es fundamental para el buen desarrollo en el diario educativo. El profesor Flores, apunta también que “cuando uno demuestra ser cristiano verdadero, los jóvenes respetan y escuchan”. Estas actitudes son claves para el buen entendimiento entre docentes y alumnos. La docencia, sigue trayendo los desafíos de la actualización al momento de transmitir conocimientos, el saber las condiciones y realidades de sus alumnos para así, identificarse y comprender actitudes y a todo esto se le suma la gracia de poder inculcar en los niños, jóvenes y adultos en los pupitres, un poco de lo que la Iglesia ha confiado en los maestros.

Diferencia

La formación profesional para poder ejercer como maestro es integral, pero si se le suman detalles de aprendizaje de una fe que se vive en la comunidad parroquial y cercana a los sacramentos, seguro será para el docente de gran ayuda en las aulas de clases. El aporte que puede hacer un docente que es confesional hace una gran diferencia, sostiene Wilfredo Palencia, un maestro católico de estudios superiores, quien además expone que la fe le acompaña en ejercicio profesional, “No porque pretenda convencer a los alumnos, sino por el contrario, para presentar su propia vida no como ejemplo, sino como testimonio”.

El padre Tony Salinas, quien es profesor en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, opina que “La educación es la respuesta al crecimiento de una persona desde su nacimiento hasta el final de su vida, teniendo un plus cuando el docente tiene un fundamento de fe católica”, además, aporta que “la catolicidad bien vivida y asumida es un potencial de cultura general y de apertura a la trascendencia a las realidades terrenas”.

Esto se debe de hacer retomando la importancia de poder transmitir la fe en los centros educativos, sin el afán de proselitismo, sino como un deseo de ir construyendo una mejor sociedad. El padre Salinas, también destaca que “la fe católica, es un compendio de historia, cultura, arte y de gracia divina, que le permite al docente interactuar con Dios, con el semejante y con toda la creación”. Quien ha experimentado la docencia católica en un centro educativo religioso, corrobora que la fe aporta un aliento diferente a la formación, conjuntando lecciones académicas con la vivencia de las actitudes cristianas.

Honduras cuenta con buen número de docentes

La educación en Honduras tiene muchas falencias en infraestructura, cumplimiento del Currículo Nacional Básico, además de la deserción, como un punto que se debe abordar para que mejore el sistema educativo. En la actualidad en el país, se cuenta con 77,211 docentes activos tanto en el sistema privado como en la educación pública, de los cuales 54,344 son mujeres y 22,867 del sexo masculino, profesionales que han tenido que dotarse de nuevas herramientas para su servicio.

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