Un arquitecto que busca ser el “lápiz de Dios”

El Padre Daniel Armando Zúniga, intenta plasmar la misericordia de Dios que él mismo ha experimentado en su vida

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 “Te ofrezco este rosario por mi hijo Daniel Armando, que es un sacerdote de tu corazón, para que sea un presbítero santo según tu voluntad”, estas fueron las palabras, en el lecho de muerte de doña Carmen María Quesada, madre del presbítero Daniel Zúniga, frase que lo ha mantenido con el compromiso de buscar la santidad.

Consagración

Lo dicho por doña Carmen, forma parte de tres momentos especiales previó a la consagración de su hijo. La primera de ellas, fue mientras él estaba en el vientre materno, ya que el Padre Daniel es un parto prematuro, porque nació de seis meses, sin embargo, esto permitió salvar su vida. El otro momento en el que ella se lo entregó a María Auxiliadora, fue a los 11 años cuando se enfermó de una encefalitis y llegó a perder los signos vitales. En ese instante que lo estaban resucitando, se lo ofreció para que consagrará su vida y Dios le tomó la palabra.

Infancia

Es importante destacar que, desde muy pequeño, el presbítero tuvo contacto con la fe y recuerda que posterior a esa experiencia de enfermedad en la niñez, siguiendo el ejemplo de Santo Domingo Savio, del cual era muy devoto, le prometió a Dios y a la Virgen María vivir en castidad toda su vida, aún sin saber que el Señor lo quería para ser sacerdote.

Juventud

El presbítero practicó muchos deportes en su juventud, entre ellos el baseball y las artes marciales. Cursó la carrera de arquitectura mientras trabajaba. Una de las pruebas que le tocó pasar es que primero, un hermano se enfermó de cáncer, seguidamente lo hizo su mamá. Esto le motivó a trabajar con los enfermos, porque encontró en ellos a Cristo sufriente. Su llamado al sacerdocio, lo recibió sirviendo en la Pastoral de la Salud, asistía a los pacientes con cáncer y VIH en el Hospital San Felipe.

Gesto

Siendo seminarista, Dios llama a su presencia a su papá, de quien recuerda que antes de morir, le besó las manos, un gesto que se hace con los nuevos sacerdotes y el día que al fin recibió el sacramento del Orden, todos los amigos de su padre, llegaron a la “Cantamisa” para hacer este gesto en su nombre.

Ministerio

Al concluir sus estudios, fue enviado de misión a Guaimaca, en donde funge como diácono y luego presbítero, sirviendo primero como vicario y luego como párroco. Justo cuando le piden cambio de parroquia, su madre le indica que el cáncer ha vuelto y es traslado a la Parroquia Cristo Resucitado de esta capital. Desde allí, la acompaña todo este proceso hasta su muerte y tras ser consagrado por ella a la Virgen, la providencia de Dios le envía a servir como vicario a una parroquia mariana, Nuestra Señora de Guadalupe, en donde actualmente vive su ministerio tratando de ser misericordioso con quienes más lo necesitan.

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