Reflexión | No más sectarismos

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

Una vez más la Conferencia Episcopal de Honduras ha respondido a los legítimos intereses del país y a las preocupaciones inherentes a la realidad concreta que vive nuestra gente. El corazón de nuestros pastores ha demostrado que se puede ser legítimamente cristiano sin dejar por ello de estar comprometido con los cambios sociales y con los justos reclamos que nacen de una conciencia limpia, sin partidismos y sin ningún interés al cual responder más que a la verdad y a la justicia, que es decir la voz de Dios. Simpáticamente, algunas de las reacciones que hemos podido, sobre todo leer en estos días, ahora están tildando a los obispos de conservadores, de retrógrados y de oscurantistas. Eso era de esperarse, y aunque pretendan llenar las redes sociales con insultos, venidos de ambos lados de los pasillos políticos, la verdad es que si reaccionan de esa manera es porque como decimos en Honduras, “dieron en el clavo”.

Este último mensaje de la Conferencia Episcopal vuelve a insistir sobre la misma sensación con la que a finales de noviembre del año pasado habíamos quedado todos: nuestro país se llenaba de esperanza, pero esa esperanza podía perderse sí una vez más los intereses mezquinos, partidistas y revanchistas se apoderaban del control de la nación. Las palabras de los señores obispos dan una vez más un voto de confianza a la presidenta de la República, pero en una correcta manera de dirigirse a ella y a los otros poderes del Estado se hace ver que hay muchos de los mandos intermedios que no están respondiendo a los ideales democráticos sobre los cuales debería de estar construida nuestra nación.

Es imprescindible, lo hemos señalado aquí en esta misma columna, superar todo tipo de sectarismo y clientelismo, que ahoga el desarrollo integral de nuestro pueblo. Sin duda, esto obliga al Gobierno de la República a buscar un equilibrio que nunca es fácil pero que si no intentamos superar en esta coyuntura seguirá ocurriendo como lo han señalado los mismos señores obispos que son las estructuras viciadas y que mientras ellas sigan siendo controladas por personas ávidas de poder y de tener, a las cuales no se les aplica ninguna regla moral, sino la regla del “mercado” partidista, nuestra patria se hundirá sin remedio. Para todos es bastante claro que el punto más delicado de los próximos días será la elección de los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Fiscal General de la nación. Esta no es una oportunidad cualquiera. Tampoco es una coyuntura y mucho menos debe quedar reducida a un manipuleo de los intereses de aquellos que siguen queriendo que nada cambie y cobijados bajo un entramado legal corrupto sigan haciendo de las suyas, aunque el color de la bandera haya cambiado. Mi única solicitud como ciudadano y como sacerdote para los legisladores es que no jueguen más con la dignidad de este pueblo. Una vez más: ¡Basta ya!

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