Reflexión: Algunas precisiones sobre los 200 años

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Tenemos que reconocer que la celebración de los 200 años de emancipación política de España, han sacado a la luz las diferentes visiones y posturas, incluso me atrevería a decir conceptos, sobre los que hemos construido el imaginario de lo que consideramos o no debería ser nuestra patria. Es lamentable que en mucho, lo que hemos descubierto concluido el mes de septiembre, es que estamos increíblemente divididos y muchas veces afloran las posturas fanáticas como de defensa de nuestra ideología o de nuestros partidos políticos.

Lo más doloroso sin duda, es cuando incluso se pretende utilizar esta celebración para cuestionar el papel de la Iglesia a lo largo de estos 200 años sin recurrir a elementos rigurosamente históricos, si no haciendo eco de las propias vísceras. Para el caso, me veo en la obligación de responder a ciertos comentarios que se han hecho en contra de la Iglesia Católica en uno de los rotativos de nuestro país y en una de las secciones que como historiador siempre disfruto, aunque no siempre comparta. Quisiera creer que dichos comentarios han surgido a raíz de la ignorancia y no con la intención de denigrar u ofender.

La postura adoptada por la Conferencia Episcopal de Honduras desde hace varios años atrás ha sido la de promover un análisis serio y con base a lo que la rigurosa ciencia histórica exige, sobre lo que significa para nuestros países en Centroamérica, la Independencia. Como es fácilmente comprobable a partir de los comunicados de la Conferencia Episcopal de Honduras y sobre todo el comunicado que tuve el gusto de leer en junio de este año los obispos, como ciudadanos de este país ya sea por nacimiento o por naturalización, optaron por proponer una visión global de lo que debería ser el papel de un ciudadano y de alguien que se precia de ser autoridad entre nosotros. Además y digámoslo de una sola vez, lo más importante para un creyente católico es la Santa Eucaristía.

No tenemos en nuestra fe algo mucho más precioso que la presencia real de Cristo en su Cuerpo y en su Sangre, pan partido y compartido. Por lo tanto, la manera como nosotros celebramos los 200 años de independencia no fue con discursos cargados de cinismo o peor aún no solo de imprecisiones históricas, sino de una visión triunfalista y acrítica de la realidad dominante. Nunca en la historia de nuestro país y esperemos que en algún momento estos señores que se dicen historiadores al menos lo reporten, se había celebrado tantas santas eucaristías al mismo tiempo como lo que ocurrió el 15 de septiembre de 2021. Esa fue nuestra manera de celebrar los 200 años.

Unir a todo el país bajo la protección de Dios y no buscando satisfacer el propio ego. Jugar a ser historiador obliga a recurrir a fuentes y al menos a respetar los nombres de las personas que se mencionan. Para el caso nunca hemos tenido en la historia de Honduras ningún obispo cuyo apellido sea Carbonet y además tampoco teníamos obispo en Comayagua en el momento de la Independencia. Don Julián Rodríguez del Barranco fue nombrado pero no consagrado. Para decir algunas cositas.

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