«Hermanos todos» la nueva Encíclica del Papa sobre la fraternidad y la amistad social

El Papa Francisco publicó y firmó  su tercera encíclica que lleva por título «Hermanos todos» y se refiere a la fraternidad y la amistad social. Este documento inspirado en San Francisco de Asís está dividido en ocho capítulos y contiene 287 numerales. El Pontífice invita a «recordar que Dios ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos». Indica en este documento, que la pandemia vino a poner  «al descubierto nuestras falsas seguridades. Más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente. A pesar de estar hiperconectados, existía una fragmentación que volvía más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos».

Al inicio de esta encíclica, en donde se aborda la realidad sombría que existe en el mundo, especialmente por la fragmentación que existe entre las personas. El Papa señala que «La mejor manera de dominar y de avanzar sin límites es sembrar la desesperanza y suscitar la desconfianza constante, aun disfrazada detrás de la defensa de algunos valores. Hoy en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar». En este ítem, recalca el peligro de la cultura del descarte y como, con la pandemia, ha quedado en evidencia, la falta de contacto con las raíces y el compartir con aquellos que nutren la vida con su conocimiento. Denunció que «las situaciones de violencia van multiplicándose dolorosamente en muchas regiones del mundo, hasta asumir las formas de la que podría llamar una tercera guerra mundial en etapas”. Menciona la realidad lamentable del aborto, de las migraciones, las formas de odio, violencia y agresividad, como acciones que no favorecen la fraternidad.

A pesar de todas estas sombras, el Pontífice indica que «Invito a la esperanza, que «nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive. Nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor».

Francisco desglosa y centra su mensaje en la parábola del Buen Samaritano. «Esta parábola es un ícono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que necesitamos tomar para reconstruir este mundo que nos duele. Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el buen samaritano. Toda otra opción termina o bien al lado de los salteadores o bien al lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del hombre herido en el camino».

Asimismo, este documento presenta una esperanza, al hablar sobre la comunión con los de más. Presenta el valor de la alteridad, la solidaridad, el bien moral, invita a todos a abrirse a los demás, porque en la medida que se pueda tener el encuentro con los demás, «El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos».

El Papa recalca que todos somos hermanos, título de este documento, ya que «no es sólo una abstracción, sino que toma carne y se vuelve concreta, nos plantea una serie de retos que nos descolocan, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones». Menciona en reiteradas ocasiones, el tema migratorio, ya que es en esta dinámica, en donde se puede luchar más contra la exclusión y el descarte.

En el capítulo cuarto, su meditación es en torno a los políticos. Realiza una crítica constructiva al liberalismo y el populismo. «Necesitamos una política que piense con visión amplia, y que lleve adelante un replanteo integral, incorporando en un diálogo interdisciplinario los diversos aspectos de la crisis».

El diálogo y la cultura del encuentro, son temas básicos que menciona el Papa en el capítulo sexto. El Pontífice recalcó la importancia del otro para nuestras vidas, que genera una cultura para el bien del país. «Se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia».

Para finalizar, el Papa  menciona varios aspectos en como las religiones están al servicio de la franternidad del mundo, «Las distintas religiones, a partir de la valoración de cada persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad. El diálogo entre personas de distintas religiones no se hace meramente por diplomacia, amabilidad o tolerancia. Como enseñaron los Obispos de India, «el objetivo del diálogo es establecer amistad, paz, armonía y compartir valores y experiencias morales y espirituales en un espíritu de verdad y amor» dijo.

 

Puede leer y descargar íntegramente la encíclica aquí:  Hermanos todos

 

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