Entonces, ¿Tú eres rey? Jesús le contestó: Tú lo dices: soy rey

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Sí, Jesús es un rey que recibe a los pobres, cura a los enfermos, que libera a los poseídos de ideologías fanáticas, que practica el amor, la compasión y entrega su vida hasta el final. Así ejerce su realeza. ¿Cómo?: subvirtiendo los valores de nuestra sociedad. Por eso, su realeza no tiene nada que ver con la de los reinos de este mundo. Pilato dice a Jesús: ¿Tú eres el rey de los judíos? y Jesús le responde: ¿Dices eso por tu cuenta, o te lo han dicho otros de mí?” Jesús quiere saber si Pilato ha llegado a esa conclusión o repite simplemente lo que los otros le han dicho, es decir, si habla por propia convicción o como instrumento de otro. Jesús despoja a Pilato de su máscara autoritaria para provocarlo: ¿Tu pregunta es personal o te limitas a repetir la opinión de los otros?”. Y esto tiene que ver con nuestra vida. Jesús nos reenvía siempre a nuestra autenticidad ¿Somos nosotros en lo que hacemos, en lo que decimos o somos simplemente repetidores de otros? Es decir, ¿Somos auténticos o vivimos alienados a los otros o a nosotros mismos? “Mi reino no es de este mundo”; eso significa que el reino de Jesús y el de Pilato se sitúan en planos distintos, de manera que Jesús ha podido decir: “mi reino no es (no proviene) de las fuerzas de este mundo”. Jesús no necesita ejército, ni diplomacia sacerdotal o imperial, ni dinero… No tiene más poder ni más reino que la verdad, el hombre como verdad.  Jesús se presenta como rey de una manera muy distinta a los reinos de este mundo. Jesús dice a Pilato: “Yo soy Rey: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo para ser testigo de la verdad” ¿De qué verdad es testigo Jesús? De la verdad del amor de Dios al mundo manifestado en su persona y en su actividad… Sí, Jesús es la verdad sobre Dios que manifiesta su amor y su compasión y la verdad sobre el hombre, ya que en Él se realiza plenamente el designio de Dios sobre el hombre, que es la vida en plenitud… Jesús no quiso hacerse rey imperial, pues la violencia pertenece al nivel de los poderes de un mundo donde la verdad se encuentra pervertida por la mentira de los poderosos. Jesús, en cambio, aparece y actúa como testigo de la verdad. Y por serlo de esa forma murió crucificado. Nosotros celebramos hoy a Cristo como Rey del universo, pero ¿Quién reina en nuestro mundo? Hoy, quien reina en nuestro mundo son las multinacionales y la ambición del dinero encarnada en el sistema neoliberal…. pero también hay una serie de pequeños “reyezuelos” que tienden a esclavizarnos: nuestra ambición de poder y nuestras necesidades exageradas de reconocimiento, de afecto, de ser importante, nuestra imagen aureolada, nos tiranizan. Todo lo que nos domina y nos quita la libertad puede convertirse en nuestro rey. Nos exigen grandes tributos de tiempo y de dinero. Prometen una vida interesante y con frecuencia nos dejan una sensación de vacío y una ausencia de sentido. Jesús dice: “Todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Quien vive en la verdad escucha la voz de Jesús y la sigue.  La verdad es más importante que la carrera, más importante que el dinero, la verdad es más importante que lo que piensan los otros, más importante que la popularidad. Y la verdad en Jesús está unida al amor. Hoy, aunque proclamamos la búsqueda de la verdad, esta sigue brillando por su ausencia y la mentira es aceptada en el mundo político, en la economía, en el de la información social y en nuestras relaciones personales. Actualmente domina las llamadas “fake news” difundidas a través de prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo único objetivo es la manipulación. No se trata de decir que Jesús es la verdad y se trata, simplemente, de vivir en verdad. En esta fiesta de Cristo Rey del Universo, tal vez podríamos preguntarnos: ¿Quién es el rey de mi vida? ¿Quién o qué reina en mí? ¿Qué soberanos oprimen mi libertad? ¿Es el consumo desenfrenado? ¿Es la necesidad de ser importante? ¿Es el dinero, el prestigio, la ambición de poder, Etc.? En una sociedad como la nuestra, en la que nuestra cultura se ha quedado sin referencias sólidas, los cristianos necesitamos volver nuestros ojos a Jesús, el hombre en pie ante Pilato, lleno de dignidad y fiel a su camino hasta el final. Podemos contemplarlo con esa paz, esa serenidad y ese señorío que aparece en el Evangelio de hoy y elegirlo como nuestro Rey: Tú, Cristo, eres nuestro Rey, rey del amor y de la verdad. Que hoy podamos volvernos a este rey, para pedirle que venga su reino: Que venga tu reino sobre tantos millones de seres humanos que viven en situaciones de hambre, sufrimiento y miseria… Que tú, Rey de la vida, renueves nuestra esperanza y nuestra alegría.

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