“El ser humano más pequeño es más valioso a los ojos de Dios que cualquier templo arquitectónico”

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La Misa hoy en la Basílica fue oficiada por el padre Rodolfo Varela, en su homilía manifestó que en nuestra vida nosotros conocemos dos tipos de templos, el templo arquitectónico, y el templo del Espíritu Santo que es nuestro  propio cuerpo, ambos cuerpos los hemos de cuidar y mantenerlos dignos para que sean morada de Dios.

“Hoy estamos celebrando la dedicación a la Basílica de Letrán, ¿qué de importante es para nosotros un templo, una arquitectura arquitectónica, el templo es importante porque nos sirve para un triple encuentro, aunque por bello que sea un templo, por hermoso que sea un templo debemos de recordar eso, en el templo más hermoso del mundo vale más a los ojos de Dios, el ser humano más pequeño del mundo”.

El sacerdote manifestó que el ser humano más pequeño del mundo es más valioso a los ojos de Dios que cualquier templo arquitectónico, pero estos templos nos sirven para un triple encuentro primero nos sirven para el encuentro con Dios, nosotros venimos a este templo para orar y escuchar la voz de Dios y encontrarnos con Él, hablarle decirlo lo que nos pasa, si guardamos silencio, si agitamos nuestra mente y nuestro corazón escucharemos la respuesta de Dios.

“Pero se nos olvidan los demás encuentros porque el primero lo manejamos, el segundo encuentro que debemos tener en nuestros templos, es el encuentro con el hermano, con el que está sentado a la par tuya, rara vez nos saludamos, nos preguntamos cómo estamos”.

Si el templo solo sirviera con el encuentro con Dios, manifestó lo podríamos hacer desde casa, lo podríamos hacer desde nuestro cuarto, pero aquí en vez de solo venirnos a encontrarnos “con Dios nos venimos a encontrar con el hermano que se sienta a la par tuya, saludarlo, sonreírle aunque ahorita no se nota por las mascarillas pero se ve en los ojos la sonrisa, ser amable con el otro, demostrar que soy cristiano con el hermano”.

“Allí estoy reflejando también que yo me estoy encontrando con Dios y estoy demostrando también que sé que Dios habita en mi hermano y que Dios habita en mí”.

Y el tercer encuentro es con uno mismo, dijo, “cuando yo voy a orar, cuando yo le voy a expresar a Dios lo que siento es porque me examino a mi primero y se lo que estoy pasando y se porque le voy a dar gracias a Dios, se porque le voy a pedir perdón a Dios, porque he reconocido la bondad de Dios, he reconocido mis fallas, se también cuales son mis necesidades y a partir de eso hago mi oración”.

Es un encuentro con nosotros mismos, “donde debemos a sincerarnos y examinarnos a tal cual somos, que tan agradecidos somos, que tan pecadores somos y que tan necesitados somos, para saber orar y pedirle a Dios lo que nazca de nuestro corazón”.

Pero si no nos encontramos con nosotros mismos, si no conocemos nuestra realidad de que le vamos hablar a Dios, como va a ser nuestra oración, una oración sincera parte del conocimiento propio y el templo es un lugar propicio para encontrarnos con nosotros mismos, y a partir de ese encuentro encontrarnos con Dios y encontrarnos  con los hermanos concluyo.

 

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