El padre Pío también vivió los dolores de Jesús

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Los estigmas son el signo de las heridas de Cristo y es concedido por el Señor solo a algunas almas, para hacerles partícipes de los mismos dolores de Jesús.

El Padre Pio se considera un ícono viviente usado por Dios para mostrar la pasión de su hijo Jesucristo que sufrió la crucifixión por el amor a la humanidad. Las heridas del Padre Pío fueron examinadas por médicos estudiosos pero ninguno pudo hacer una explicación científica.

Los estigmas del Padre Pio aparecieron en su cuerpo del 20 de septiembre de 1918 y continuaron hasta su muerte por cincuenta años; éstos permanecieron siempre iguales, nunca se infectaron, incluso cuando eran heridas abiertas al sangrado. Aún en la actualidad los médicos no logran explicar porque no se infectaron. Teniendo heridas en los pies lograba caminar normalmente, se decía que los escondía, no le gustaba mostrarlos.

Hay un acontecimiento extraordinario en la historia de los estigmas del Padre Pío y es que, cuando celebró su última misa desaparecieron en su muerte pocas horas después de la celebración.

Se sabe que los primeros estigmas aparecen en su cuerpo el 7 de septiembre de 1910. En una carta que escribe a su director espiritual los describe así “En medio de las manos aparece una mancha rosada de las dimensiones de una moneda pequeña, acompañado de un dolor intenso debajo de los pies”. Estos dolores en las manos y en los pies son las primeras señales de sus estigmas incluso en ese momento no eran visibles.

El 20 de septiembre de 1918 el padre Pio había celebrado la misa matutina y estaba recogido en oración mientras estaba su mente en oración y meditación sobre la Pasión y Muerte de nuestro Señor en los misterios dolorosos del Santo Rosario cuando se le aparece un personaje celestial que tenia las manos, pies y costado perforados con sangre. El padre Pio vivió ese momento con gran intensidad, al final de la visión cansado y exhausto se quedó dormido.

Al despertar tuvo un dolor muy fuerte en el centro de las manos y los pies y vio que aquel dolor era provocado por heridas sangrantes con la dimensión de una moneda de dos centímetros de diámetro.

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