Editorial  |Nuestra voz |Eliminar el uso de la mascarilla ¿un juego de ruleta rusa?

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Aunque en los últimos meses ha habido una tendencia a la baja en contagios y muertes por COVID-19, a nivel de Honduras y del mundo, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en sus declaraciones el 15 de septiembre 2022, la sigue considerando “Una emergencia a nivel mundial y en la mayoría de los países”, por lo que ha recomendado no bajar la guardia y mantener la alerta en nivel medio para prevenir rebrotes, pues la relajación de las pruebas y la caída en la vigilancia del virus en muchos países, incluido Honduras, está ocasionando que muchos casos pasen desapercibidos y las cifras den una falsa percepción de seguridad.

Por esa razón, el director general de la OMS, pidió que continúen los esfuerzos para combatir el virus, pues, según expresó, detenerse ahora “es correr el riesgo de más variantes del coronavirus, más muertes, más problemas y mayor incertidumbre” en el futuro. Y reafirmó “Ahora es el momento de correr más fuerte y asegurarnos de que cruzamos la línea y cosechamos todas las recompensas de nuestro duro trabajo” y se dieron una serie de políticas sanitarias basadas “en las evidencias de los últimos 32 meses sobre lo que funciona mejor para salvar vidas, proteger las redes de salud y evitar perturbaciones que afecten a la economía y la sociedad”.

En el afán de lograr que los gobiernos redoblen sus esfuerzos contra el coronavirus en esta “recta final”, recomendaron mejorar la cobertura de vacunación para lograr al menos un 70% de la población inmunizada, continuar con las pruebas para detectar la enfermedad, mejorar los laboratorios para detectar y controlar posibles nuevas variantes, mejoras en los sistemas sanitarios (hospitales, equipos médicos, personal sanitario: como médicos, enfermeros, laboratoristas, auxiliares Etc.), pero no bajar el nivel de alerta.

Pero a pesar de las recomendaciones de los organismos especializados, de la experiencia de otros países, en Honduras se intenta dejar a criterio de cada persona el uso o no de la mascarilla y de las medidas de bioseguridad expresadas en el Decreto Legislativo 58-2020, mediante el cual se establecía como obligatorio el uso de cubre bocas y otras medidas de protección ante la certeza científica, que el virus se trasmite por vía aérea.

En asuntos tan delicados, como la salud pública, hay que cuidar de no caer en la demagogia y en la utilización de argumentos aun no confirmados, ni avalados científicamente, para justificar un proyecto de decreto encaminado a eliminar el uso obligatorio de mascarillas y medidas de bioseguridad, en un país cuyo sistema de salud nunca estuvo ni está preparado para enfrentar una nueva crisis hospitalaria, sin dejar dolorosas consecuencias en la vida de miles de familias hondureñas. Escuchemos a los que saben, el Comité Covid de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) integrado por profesionales médicos y especialistas, se niega a apoyar o avalar la iniciativa de suprimir el uso de las mascarillas en todo el país, por considerar que es una resolución muy prematura. Deshacerse de una vez por todas de las mascarillas, puede representar si aún no están dadas las condiciones, la diferencia entre la vida y la muerte.

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