Como si fuera un solo día

Con el Domingo de Resurrección, la comunidad católica en el mundo da inicio a los cincuenta días del tiempo pascual y precisamente a los primeros ochos días se le conoce como la Octava de Pascua. Esta consiste en la primera semana de este tiempo de la cincuentena pascual y que concluye en Pentecostés.

La octava de pascua; se considera como si fuera un solo día, es decir, el júbilo del Domingo de Pascua se prolonga ocho días seguidos. Cabe señalar que las lecturas evangélicas se centran en los relatos de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado. Es de hacer notar que en la primera lectura iremos leyendo de modo continuo las páginas de los Hechos de los Apóstoles.

Cirio Pascual

Uno de los signos visibles que se introduce en la octova de pascua y que se mantiene durante toda la pascua y celebraciones especiales durante el resto del año litúrgico es el Cirio Pascual. La palabra «cirio» viene del latín «cereus», de cera, el producto de la abejas. El cirio más importante es el que se enciende en la Vigilia Pascual como símbolo de Cristo–Luz, y que sitúa sobre una elegante columna o candelabro adornado.

El Cirio Pascual es ya desde los primeros siglos uno de los símbolos más expresivos de la Vigilia. Y según indicaciones litúrgicas, en medio de la oscuridad, de una hoguera previamente preparada se enciende el Cirio, que tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras Alfa y Omega, la primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la Pascua del Señor Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza nueva en el año concreto que vivimos. Al Cirio Pascual se le incrusta en la cera cinco granos de incienso, simbolizando las cinco llagas santas y gloriosas del Señor en la Cruz.

Toda persona bautizada en el Iglesia Católica es invitada vivir intensamente la Octava de Pascua, el júbilo extendido del Domingo de Resurrección que llega para quedarse y transformar la vida de todo el que escucha la buena nueva de aquel que venció la muerte para darnos vida eterna.

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