Un anhelo del corazón provoca el nacimiento de una nueva congregación

El llamado que sintió Sor María Elena Díaz se ha plasmado en la vida de las misioneras de Marilam

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San Pablo en las Escrituras menciona que el ardor en el corazón de un apóstol debe ser siempre el de “Ay de mí sino evangelizo”, expresión que el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez identifica como el palpitar de quien se dedica a la misión. Esta experiencia fue la que resonaba en Sor María Elena Díaz, una de las fundadoras de las Misioneras de Marilam.

Familia

Originaria de una aldea cercana a San Marcos de Colón, en la zona sur del país, Sor María Elena Díaz confiesa que proviene de una numerosa familia, ya que su hogar estaba constituido por sus padres y 13 hermanos. De pequeña le gustaba mucho bailar, pero sus progenitores no se lo permitían, por lo que su abuela organizaba en su casa las fiestas para ellos y sus primos, para que se divirtieran en un ambiente sano.

Sor María vive en ese lugar hasta los 14 años y después se traslada a Choluteca para proseguir sus estudios, aprovechando la oportunidad que le daban unas religiosas carmelitas a través de la diócesis de este lugar, para formar promotoras de salud que sirvieran en sus comunidades.

Llamado

Al concluir esa etapa, continúa estudiando con estas religiosas su plan básico y bachillerato y es allí donde la inquietud vocacional y el deseo de su corazón por transmitir el Evangelio fue tomando fuerza. La relación cercana con Monseñor Marcelo Gerín, es fundamental para el proceso que estaba por iniciar. El anhelo de su corazón era “Evangelizar en un lugar de los más pobres del sur”, por ello, pidió permiso para ir a anunciar la Palabra de Dios, iba a la colonia Pedro Díaz que se encontraba a la orilla del río Choluteca.

Vocación

Acompañada espiritualmente por Monseñor Marcelo Gerín, ingresa a una experiencia de misión llamada Orbis. Con esta fraternidad misionera evangelizaba en Ojojona a diversos grupos. Tres años después, renovando las promesas en este grupo, ella sentía que tenía que dar mucho más. Es así que inició el camino para convertirse en religiosa. Hizo su formación en México y después de un extenso discernimiento, fue viendo el camino que Dios quería y así fue surgiendo la comunidad religiosa de las Hermanas de Marilam, que hoy tienen presencia en el país y en el extranjero.

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