“Somos especialistas en criticar pero no construimos nada, no movemos ni un dedo”

La Misa de este martes 23 de junio, fue oficiada por el rector de la Basílica Padre Carlo Magno Núñez quien en su homilía manifestó que cuando alguien de verdad se abandona a las manos de Dios, es muy elocuente la imagen del piadoso rey Ezequías desarrolla la carta amenazante de Senaquerib en el templo de Dios, como mostrando así las pretensiones y la altanería del rey de Asiria.

El padre Magno dijo “Ezequías era rey de Judá pero no puso sus esperanzas y el talento en su propio ejército si no que ante todo acudió a Dios, que ejemplo nos está regalando este rey Ezequías, muchos hoy en día confían en su fuerza, confían en sus asesores, confían en la fuerza o en sus seguidores, pero no se abandonan en las manos de Dios que es lo más importante”.

Ezequías acudió a Dios y no quedó defraudado, sostuvo “es la imagen del rey humilde y orante, que nos enseña que ante los problemas del mundo ante los problemas que estamos pasando en esta situación difícil debemos ir donde Dios y mostrarle exactamente lo que está sucediendo, mientras renovamos en él nuestra confianza y buscamos la mejor manera de que resplandezca su gloria”.

Además dijo que la suplica de Ezequías obtuvo una generosa respuesta de Dios, “también nosotros veremos maravillas si nuestras plegarias van cargadas de esa misma confianza en Dios, no confiemos en otra cosa que no sea en el poder de Dios que nuestra vida sea como decía San Ignacia de Loyola para la mayor gloria de Dios, que nuestra vida se encamine a hacer la voluntad de Dios, no nuestra voluntad como muchos nos la quieren imponer”.

El sacerdote manifestó “ hacer la voluntad de Dios significa pues tomar el ejemplo de Ezequías doblar rodillas, preguntarle a Dios que es lo que quiere para nosotros, que es lo que quiere que vivamos, en el Evangelio encontramos, el resumen de la ley y los profetas, esta ley y los profetas solo la vamos a entender en la persona de Nuestro Señor Jesucristo, que encarna en sí mismo la vida perfecta, para enseñarnos a nosotros, que si es posible la perfección, que si es posible la santidad”.

Somos especialistas en criticar pero no construimos nada, dijo “no movemos ni un dedo, traten a los demás como quieran a ustedes los traten, es una consigna de vida, es consigna de felicidad también es todo un proyecto de vida, parece sosa obvia y sencilla, sin embargo nos lo dice el Señor que estrecha es la puerta y que ancho es el camino de la perdición”.

Ancho es el camino de la perdición, acotó “si nosotros seguimos en la vida pecaminosa, si nosotros seguimos los criterios del mundo entonces nos perdemos, que estrecha es la puerta y que angosto el camino que conduce a la vida y que pocos lo encuentran, en esos pocos apuntémonos nosotros, porque buscamos a Dios, buscamos la perfección, nosotros a quien seguimos es al Señor, el nos muestra el camino de la perfección, porque Él es santo como su Padre es santo y esa santidad nos invita a nosotros”.

El presbítero acotó “es fácil resbalar y difícil ascender, es fácil adquirir un vicio y difícil desarraigarnos de él y quien no lo ha comprobado, los medievales decían que la perfección requiere que se cumplan todos los requerimientos, la imperfección surge cuando falla los requerimientos de la perfección, quizás sea esa la razón de porque cuesta tanto trabajo aprender que toma tanto tiempo y esfuerzo alcanzar la verdadera perfección de la verdadera pericia”.

Y para culminar dijo que la exigencia de la excelencia requiere practicarla “no nos podemos dormir en los laureles hay un llamado interior que nos mueve a buscar siempre lo mejor y lo más perfecto a pesar de las situaciones difíciles que vivimos, solo allí está la belleza, solo allí hay descanso cuando nos esforzamos, cuando en buscar las cosas buenas y la bondad está en Dios”.

 

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