Reflexión | La visita

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

Podremos discrepar en algunos de los planteamientos del Gobierno actual, como lo hemos hecho en el pasado con otros gobiernos, aunque no necesariamente por las mismas razones o actitudes. Sin embargo, debo decirles que la visita de la señora presidenta al Santo Padre me ha llenado de profunda satisfacción y orgullo. Doña Xiomara, más allá de sus cualidades de madre, esposa y abuela que nadie puede cuestionar, jamás ha ocultado su fe católica. Aquí no se trata de oponerla frente a otros que se hayan dicho católicos y luego son más paganos que el demonio pero lo cierto es que creo que su fe es sincera y es un motor que siempre la ha impulsado. Más allá de eso, sus ojos y su sonrisa al encontrarse con el Santo Padre fueron muy distintos a los que esbozó en la FAO o con el presidente Matarella. Eso no es minusvalorar esos encuentros, al contrario, es comprender que el mundo puede ser lo que sea y las relaciones con los estados o con los Organismos Internacionales, también, pero encontrar a alguien como el Papa que sabemos no va a decirnos nada de manera “diplomática” sino sustancial, es algo que siempre conmueve. Verla a ella, la primera mujer hondureña en tan alta magistratura, cumplir con fe con esa visita estaba más allá del protocolo, que además cumplieron rigurosamente. Cosa extraña sobre todo por parte del Papa. Sin duda, poco sabremos de lo que trataron directamente en su encuentro privado. Y aunque hoy en día se estila tantísimo hablar de transparencia e incluso hay alguno de los que se encuentran enfrentados en estos días, que están pidiendo un diálogo con todos los micrófonos abiertos, el encuentro de ambos no puede ser menos que positivo. En los medios vaticanistas, se hizo saber que la temática había girado en torno a las preocupaciones que son comunes a los estados y aquellas que son particulares, en el caso nuestro, como el tema de la migración, del cambio climático y de la necesaria reconciliación que debe darse en la familia hondureña. Demás está decir, que el Santo Padre conoce perfectamente la situación de nuestro país, no solo porque uno de sus mejores amigos es nuestro señor arzobispo, sino porque efectivamente, en el corazón del Papa hay una legítima preocupación por el bien de todos y el bien de esta pequeña nación, en particular. Quiera Dios que esta visita, amplíe mucho más la comprensión de que el Estado hondureño necesita del apoyo, pero también de la crítica constructiva que pueda surgir sobre todo de la Conferencia Episcopal de Honduras. Nuestra presidenta estoy seguro que entiende bien que las palabras del Santo Padre, al igual que la de los señores obispos siempre buscarán tender un puente y nunca una trampa. Celebro pues con esperanza este encuentro y pido a Dios que la fe de la señora presidenta y la de sus acompañantes se haya fortalecido y madure más para que los valores del Evangelio se promuevan de manera abierta y leal.

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