Reflexión | Devoción que nos debe cambiar

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

Concluida la Feria de Suyapa, debo de decir que el pueblo devoto de “La Morenita”, nunca me han decepcionado. Es increíble la fe y el amor profundo que tienen por ella miles y miles de hondureños y hermanos de otras latitudes que la ven como su madre y maestra.

En dos ocasiones distintas me fui a poner en lugares estratégicos para ver sencillamente a la gente acercarse a la venerada imagen. Gestos, oraciones y miles de fotografías. De hecho aunque suene “poco respetuoso” lo que más disfruté fue viendo a la gente haciéndose una “selfie” con la Virgen. Me imagino que en miles de teléfonos anda la imagen de nuestra señora y está sirviendo de perfil de aquellos que quieren presumirla.

Sin embargo, más allá de la devoción debería estar el compromiso de todos por velar por la fraternidad y la justicia en nuestra patria. Además, me preocupa porque creo no hemos hecho lo suficiente para promover el conocimiento de la inmensa Gracia que se nos ha concedido con la Indulgencia Plenaria con motivo de este Año Mariano.

Una Gracia desperdiciada es una desgracia. Ver a tantas personas acercarse a Suyapa es signo de que nuestra gente está sedienta de esperanza, de algo que dé sentido a tanto sufrimiento y tanto dolor. Eso, solo se puede encontrar en el Hijo de la Señora que veneramos con el nombre de Suyapa. Por otra parte, está claro que la devoción a ella no puede ni debe ser desencarnada. Eso sería traicionar la misma devoción.

Un amor a la Virgen de Suyapa pasa por un sincero interés por sus hijos, nuestros hermanos. Nos hemos acostumbrado tanto al odio, la violencia y las venganzas que pareciera que no hay espacio para el bien y la fraternidad. Nos hemos acostumbrado tanto a las injusticias que Guapinol, Azacualpa, Tierras del Padre, terminan siendo nombres que se recuerdan solo de manera ideológica y partidista como “Agua Zarca” o “Punta Sal”.

La justicia no es ni debe ser exclusiva del reclamo de un grupo particular, sino una tarea de todos. Por eso, delante de María de Suyapa deberíamos preguntarnos todos por nuestro compromiso social. No es necesario militar en las filas de un partido X o Y. Lo que es necesario es entender de corresponsabilidad. Esa misma corresponsabilidad es la que deberían de entender los que están al frente dirigiendo cualquier entidad gubernamental, porque no es con golpes ni insultos que vamos a sacar el país adelante.

Cierto es que, muchas veces, se cosecha lo que se siembra y cuando lo que se ha sembrado ha sido con prepotencia y odio, pues no es extraño que se cultive lo mismo y con frutos más amargos, pero ahí es donde está la altura y la oportunidad de romper esa espiral de violencia que nos tiene tan divididos. Aspirar a una justicia pareja y desligada de cualquier afán de venganza es también propio de los hijos de Nuestra Señora de Suyapa.

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