Reflexión | Ante la navidad

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

Han pasado ya más de 16 siglos desde que la Iglesia optó por colocar como fecha de la celebración de la Natividad de su Señor aquella que coincidía con las fiestas de Saturnalia, del Solis Invictus, que de pagana pasó a ser una celebración cristiana. Aunque salgan por ahí algunos “sabiondos” que piensan que escribirlo o decirlo es abrirle los ojos a la gente por la “falsedad” en la que la Iglesia los ha querido instalar y engañar. La Iglesia nunca ha pretendido ni pretenderá engañar a nadie y menos en cosas de este estilo que lo único que persiguen es recalcar el inmenso regalo que significa, para cada uno y cada una, la encarnación del Verbo de Dios.

Precisamente hablando de encarnación quisiera referirme al mensaje más reciente de la Conferencia Episcopal que nos ha recordado que la Palabra de Dios no es un recuerdo del pasado sin incidencia en el presente.

Los obispos han recordado que este acontecimiento central de nuestra fe reclama de nosotros un mayor compromiso sobre todo con los más pobres y necesitados, que hoy tienen sobre todo rostro de migrantes, como lo fue la misma Sagrada Familia. Una vez más, casi como presintiendo la escena circense que vivimos el miércoles pasado en el hemiciclo legislativo, los señores obispos señalaban que no podíamos seguir como sociedad con esos jueguitos tan ridiculos en los que la clase política, sin clase, nos tiene metidos desde hace mucho tiempo y que ahora solo se está prolongando con esas peleas inútiles que solo sirven para demostrarnos de lo que están hechos.

Debemos ser conscientes todos, de qué estos señalamientos tanto de la Conferencia Episcopal como los tantos organismos nacionales e internacionales, no son una excusa de lo actuado en el pasado, para lo cual por eso estamos exigiendo la venida de la CICIH, pero precisamente por eso queda demostrado que un buen político es el que busca el poder queriendo encontrar soluciones a los problemas de sus pueblos y los malos políticos son los que ponen excusas para todo y saben señalar la historia del pasado corrupto de sus antecesores, pero su memoria es corta. En el caso presente no pasa de 12 años.

El sentir de los obispos, es el mismo de todos aquellos a los que nos interesa alcanzar un día poder celebrar la Navidad sin tanta lamentación y con la alegría que era el saber que vamos dando pasos que nos ayudan a todos a sentirnos hermanos, miembros de la misma familia. Efectivamente, no queremos más populismo y tampoco es necesario que estemos buscando recursos humanos para solventar algunos de los problemas de nuestro país cuando contamos con suficiente personal capacitado para hacerlo.

Claro, siempre y cuando seamos capaces de superar la visión ideologizada y partidista que nos ha caracterizado en las últimas décadas. La Navidad es un compromiso. La Navidad es una tarea. Creyentes o no, es claro que la Navidad evoca los valores de la familia y de una su sociedad que trabaja por la paz, la armonía y la justicia. Habrá Navidad cuando nos empeñemos en eso.

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