¿Qué hacer durante una visita al Santísimo?

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Una de los momentos más hermosos que puede vivir un católico, es asistir al Santísimo, para encontrarse con su amado, con Jesús expuesto en la custodia o reservado en el Sagrario. Como dice Santa Teresita, “Es tratar de amistad estando a solas muchas veces con quien sabemos nos ama”.

Si supiéramos la gracia tan enorme de la Adoración Eucarística nos pasaríamos días enteros de rodillas frente al altar. Adorar al Santísimo es acompañar al mismo Jesús en el momento de su sacrificio por la humanidad. El mismo Jesús nos enseña esto, a través de santa Margarita de Alacoque cuando le dijo: «En adelante, todas las semanas, la noche del jueves al viernes, practicarás una Hora Santa, para hacerme compañía y participar en mi oración del Huerto».

Pero sucede, que muchas veces, no sabemos que hacer, cuando visitamos al Santísimo Sacramento. Es por ello, que te ofrecemos una guía rápida y práctica para que puedas tener ese encuentro personal con Jesús que te espera en el sagrario.

1. Saludo

Es un gesto de amor, de cercanía, que ayudará a entender que no estás solo en ese lugar. Si pudieras ver con los ojos del alma a Jesús Sacramentado en el sagrario jamás querrías abandonarlo, alejarte de su presencia. Podrías verlo en toda su majestad y gloria. Él busca adoradores, almas eucarísticas que lo amen y sean un reflejo de su inmenso amor. Que lo consuelen ante tanto desamor.

2. Oración preparatoria

La adoración eucarística es un momento de intimidad, de confianza y de amistad con Dios. Es por ello que una buena oración preparatoria, te servirá para no distraerte y centrar tu mirada en Jesús. Te proponemos la siguiente oración: «Oh Dulcísimo Jesús, que escondido bajo los velos eucarísticos, escuchas piadoso nuestras súplicas humildes, para presentarlas al trono del Altísimo, acoge ahora los anhelos ardientes de nuestros corazones. Ilumina nuestras inteligencias, reafirma nuestras voluntades, revitaliza nuestra constancia y enciende en nuestros corazones la llama de un santo entusiasmo, para que, superando nuestra pequeñez y venciendo toda dificultad, sepamos ofrecerte un homenaje no indigno de tu grandeza y majestad y adecuado a nuestras ansias y santos deseos. Amén».

3. Lectura espiritual

Debemos recordar que la oración es un diálogo, es decir, que la comunicación va en doble vía. Es por eso, que uno de los recursos para este encuentro con el Señor, son las Sagradas Escrituras. Dios nos habla a través de su palabra. s conveniente que leas el Evangelio del día, o escojas una lectura de tu devocionario. Luego de esta lectura haz silencio y medita lo que acabas de leer. Es importante que en este momento trates de silenciar tu mente y tu corazón para escuchar lo que Dios te dice. El silencio es aquella puerta que predispone al alma para escuchar. 

4. Contemplación

Cuando estemos delante del Sagrario o miremos la Hostia Santa sobre el Altar hemos de vera Cristo allí presente, el mismo de Belén y de Cafarnaún, el que resucitó al tercer día de entre los muertos y ahora está glorioso a la diestra de Dios Padre. ¡Qué alegría tener a Cristo tan cerca!… y verle… y amarle… y servirle. Él nos escucha cuando en la intimidad de nuestra oración le decimos: Señor, acuérdate de mí, desde el Cielo y desde ese Sagrario más cercano donde estás también realmente presente. Para que purifiquemos en esta vida la huella dejada por los pecados, Él nos mueve a una mayor penitencia y a un amor más grande al sacramento del perdón, a aceptar los dolores y contrariedades de la vida con espíritu de reparación, a buscar esas pequeñas mortificaciones que vencen el propio egoísmo, que ayudan a los demás, que permiten una mayor perfección en nuestra tarea diaria.

5. Alabanzas

Al terminar tu adoración realiza una oración de despedida, puede ser propia o también del devocionario. Agradece por el momento vivido, ofrece la adoración por alguien necesitado y pide lo que necesites. Así también puedes decir las alabanzas de desagravio que son oraciones que tiene la finalidad de luchar contra el mal del mundo: 
«Bendito sea Dios. 
Bendito sea su santo Nombre. 
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. 
Bendito sea el nombre de Jesús. 
Bendito sea su Sacratísimo Corazón. 
Bendita sea su Preciosísima Sangre. 
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar. 
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito. Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima. 
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción. 
Bendita sea su gloriosa Asunción. 
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre. 
Bendito sea San José, su castísimo Esposo. 
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. Amén».

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