Palabra de vida |“¡Vayan!”

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El relato de este domingo sigue en continuación con el del domingo pasado. Se trata de los “llamados” que entienden que lo son para ser “enviados”. Toda vocación (llamada de Jesús) tiene una misión específica. Ésta tiene su fuente en el “Señor de la mies”, como a la vez, su fecundidad se alimenta solo con el contacto vivo y genuino con Él a través de la oración. Los que desean seguirlo habiendo escuchado su voz, deben estar dispuestos a vivir esa comunión íntima, pero además existen dos compromisos más que se ven señalados en este discurso de Jesús. Se trata de vivir siempre en la mansedumbre, de ser como “corderos”, es decir, anunciadores de paz que proponen y no se imponen con la fuerza o la violencia.

Y, finalmente al ejemplo del “Maestro” optan por la pobreza. El que opta por ser mensajero del Evangelio, no hace de éste su mina de explotación para el propio enriquecimiento, al contrario siente que el don recibido, es su riqueza que la ofrece gratuitamente, consciente que su tesoro está en los cielos. Su ir al encuentro de los pobres y necesitados le hace dejar o perder “bolsas y alforjas” símbolo de un mínimo acaparamiento que no le está permitido a los que han puesto toda su confianza en el Señor; su estilo no es el del lobo rapaz, sino el del cordero que se dona hasta su última gota de sangre y sudor.

Tan profunda radicalidad para la vida de los discípulos de Jesús, la entendió san Francisco en cuya primera regla de vida de los frailes menores, reproducía literalmente estas precisas palabras de Jesús. Finalmente, todo discípulo basa su entrega no en una relación intimista y estrictamente personal, sabe que hay garantías para su entrega, en el testimonio de aquellos que le han precedido y en el envío que el propio Jesús le hace: “Vayan, he aquí que los envío…”. Tan rico Evangelio que hoy vuelve animar la experiencia misionera de todos.

Hay que llenar la propia alforja de generosidad, pobreza, desapego, alegría y caridad, temas que afloran de este evangelio y que nos permiten redescubrir el sentido último y preciso de toda vocación al estilo de Jesús. Bien lo ha dicho el Papa Francisco, que somos una “Iglesia en salida”, el Evangelio de hoy es un retrato de la Iglesia que Jesús quiso y a la cual invita el Papa a redescubrir.

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