Palabra de vida | “El diablo lo llevó a Jerusalén…”

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Camino hacia la Pascua, Él será nuestro único modelo para mantenernos fieles a Dios. Él es en realidad un verdadero israelita en el que no hay doblez, Él es el que puede en verdad profesar y recitar el credo israelita (Dt 26, 4-10), que gira alrededor de tres artículos de fe: la vocación de los patriarcas, “Arameos errantes”, el don de la libertad después de la dura experiencia de la opresión egipcia; el don de la Tierra Prometida, es decir, de la patria libre “donde corre leche y miel”. Este credo israelita, nos hace comprender cómo a Dios hay que encontrarlo en esta historia que encarna toda nuestra frágil humanidad y dura lucha contra el mal que nos causa el enemigo.

Y, es aquí que aparece el Dios “encarnado” para compartir nuestra historia y llevarnos a la auténtica y definitiva liberación en la tierra prometida del cielo. Y, para eso inicia su itinerario hacia esa consumación que Lucas pone en Jerusalén, donde el diablo ha llevado a Jesús. Allí, efectivamente, se cumple la suprema prueba de su ser mesías: tendrá que rechazar su destino último, el de la salvación lograda no por el camino de los triunfalismos populares, sino como señalará este evangelio en toda su extensión, a través de la pobreza extrema de la cruz.

Jesús sabe que más allá de las seguridades que pueda tener en las realidades temporales y en sus protagonistas, está Dios, su Padre, a Él en el pináculo del Templo de Jerusalén, le declara su “sí” definitivo, cumpliendo a cabalidad perfecta la fe de sus antepasados israelitas que quisieron vivir para ver este día de gloria y de triunfo sobre nuestro enemigo: el diablo. Así con el evangelio de este primer domingo de Cuaresma, comprendemos que Dios rompiendo su perfecta luz y su intacto misterio, ha elegido estar “con nosotros” convirtiéndose en un immanu-el, en Emmanuel, “Dios con nosotros”.

Las tres tentaciones también nos tocan a nosotros como lo tocaron a Él, deberemos resistirles fuertes en la fe, así podremos desenmascarar la falsedad del tentador y salir airosos como el propio a Jesús a la vivencia pascual que nos devuelve la vida verdadera y nos introduce a la Tierra Prometida que es esa allí donde está Jesús resucitado y dónde Él quiere que nosotros estemos. Bienvenidos todos al itinerario que hace el pueblo santo de Dios, en busca de la siempre y actual alianza que nos devuelve nuestra única vocación de ser hijos suyos.

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