Martha Serrano­: “Perdí hasta el habla, pero lo más difícil era no poder ver a mi familia”

En Honduras cada día aumentan los casos positivos de COVID-19, pero uno de los departamentos del país que más contagios presenta es Cortes. Cada semana en las diferentes colonias de este territorio hondureño, los testimonios de sobrevivientes, o de los que aún luchan por salir de la enfermedad, crecen. Y hoy en le contamos el caso de Martha Lidia Serrano, ella es reside en la colonia Fesitranh, en San Pedro Sula, y narra cómo fue esas semanas que estuvo con este virus

Testimonio

Doña Martha, es una sampedrana de 64 años de edad,  madre de 3 hijos y una fecha que nunca olvidará es el 30 de marzo del 2020, ese día supo de ese diagnóstico, que era positivo a COVID-19. » ese día inició un gran calvario para mi familia, y en mi vida, me albergué por más de un mes en un hospital, sola, sin ver a mis hijos, a mi esposo, a nadie de mi familia, estuve entubada por varios días, porque mis pulmones no me respondían, perdí mi conocimiento, a opinión de las enfermeras, »

» Una eternidad»

Doña Martha,  cuenta  que ella no sabe cómo se contagió, y con su voz entrecortada añade  » Yo no podía comer sola,  perdí el habla, parte de la movilidad de mi cuerpo, pero lo más difícil saber que no contaba con mi familia, pero gracias a la tecnología, una enfermera que se convirtió en mi ángel me mostraba videos de cada miembro de mi hogar,  y eso me daba ánimos, pero lo acepto, en algún momento perdí la fe, ya no aguantaba, esa eternidad en ese lugar, yo no sabía ni que día, ni la hora que marcaba el reloj, solo contaba en mi mente que pasaban las semanas, y no miraba recuperación alguna, y lo peor mis pensamientos eran ¿Cómo pagaran  la cuenta en este hospital, mis hijos­? Ya que no tenemos solvencia económica, pero ahora estoy más segura que Dios pone ángeles en el camino y que mi Madre nunca me soltó de la mano”.

“No tengan miedo”

Las anécdotas de esta sobreviviente son interminables, sus lágrimas que hacen que su voz se entre corte por ratos, pero esa tristeza son el reflejo que sufrió, pero que hoy es una historia que contará a sus hijos, nietos, y a sus decenas de alumnos, que le ha tocado catequizar, ya que es catequista de la Iglesia San Antonio de Padua. Hoy esta sampedrana es parte de esos testimonios que está dejando el COVID-19 en Honduras, y finaliza con una frase, “cuesta la recuperación, aún estoy aprendiendo a comer y moverme sola, pero si tenemos fe, amor al prójimo, y nunca soltar la mano de Dios, todo saldrá bien,”

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