“María y José llevaron al Niño…” (Lc 2,22-40 – Sagrada Familia)

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¡Feliz Navidad queridos lectores! El centro de nuestra celebración en este domingo de Navidad se encuentra la Sagrada Familia. Es la historia de una familia cercana a nosotros y al mimo tiempo distante. Por la presencia de Cristo es inalcanzable, pero por su humanidad está cerca y se puede imitar. Lucas subraya como veremos esta doble dimensión desde el inicio: no habla del “rescate del primogénito” como lo exigía Ex 13, sino del anuncio del ángel (1,35): “todo varón primogénito será consagrado al Señor” (v.23). Jesús no es “rescatado” como los otros niños hebreos, su nombre dice que Él es quien nos rescata. Él es el Salvador (2,11), Él es el Santo, el totalmente consagrado a Dios. Aún así, Jesús vive en la normalidad de su vida familiar, aunque en la escena de hoy, está más el matiz del

Padre Tony Salinas, párroco San Juan Bautista, Ojojona

cumplimiento de la profecía, de ahí la insistencia en la presencia del Espíritu Santo. En ese Niño, la historia adquiere un sentido plenamente nuevo y se abre al camino de la esperanza, por eso el viejo Simeón dice: “Deja que tu siervo vaya en paz”. Con esta fiesta, la presencia de Jesús y su familia, abre el tema teológico de la esperanza, bien lo señalaba el teólogo J. Moltmann al escribir: “En la vida cristiana al prioridad pertenece a la fe, pero el primado es la esperanza. Sin el conocimiento de Cristo que se tiene por la fe, la esperanza se volvería una utopía suspendida en el aire. Pero sin la esperanza la fe decae volviéndose tibia y después muere. Por medio de la fe el hombre encuentra el sendero de la vida, pero solamente la esperanza lo mantiene. Por eso la fe en Cristo hace que la esperanza se vuelva certeza”. Cristo nos ha nacido y está con María y José su familia. Hoy con nuestra propia familia hagamos que Jesús se el don de la fe recibida y que ésta nos lleve a vivir este tiempo, como nos la ha dicho el Papa Francisco, sin que nadie nos robe la esperanza. Esta es la síntesis de la Navidad vamos a Jesús por la fe y nos dejamos por él conducir hacia ella, incluso en tiempos difíciles como los que nos tocan vivir. La esperanza nos salva.

 

 

 

 

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