El olvido de un año

 

Se termina el 2020 y todos sin duda tenemos un sabor muy amargo de lo que ha sido este año. La pandemia, las inundaciones y la descarada manipulación de los políticos de turno con sus corruptelas, sobre todo en el mal llamado Congreso de la República, agravan duramente todo lo que ya de por sí era muy doloroso.

Se termina el 2020 y todos sin duda tenemos un sabor muy amargo de lo que ha sido este año. La pandemia, las inundaciones y la descarada manipulación de los políticos de turno con sus corruptelas, sobre todo en el mal llamado Congreso de la República, agravan duramente todo lo que ya de por sí era muy doloroso.

Podemos bromear incluso que la canción proscrita para este fin de año es aquella de “Ay yo no olvido el Año Viejo”, pero lo cierto es que con tanta incertidumbre que se cierne sobre nuestra historia patria para los próximos meses, no creo que llegue a ser fácil olvidarnos no sólo de este sino también del próximo año.

Si lo pensamos bien, el próximo año se conmemora el 200 aniversario del inicio de la Emancipación Política de Centro América frente a España, y de celebrativo tendrá poco porque los ideales que impulsaron aquella gesta, se estrellaron hace muchas décadas con el muro de la corrupción e indiferencia de los que nos han gobernado. Casi 200 años han pasado y no aprendimos nada más que a saltarnos todas las normas de la ética habidas y por haber.

Me viene a la mente una de las lecturas de estos días pasados de la Novena de Navidad en la que se nos recordaba el nacimiento del Precursor. La gente se preguntaba maravillada ¿qué sería de aquel niño? Nosotros estamos preguntándonos lo mismo: ¿Qué será de nosotros este nuevo año? Pero de lo que debemos convencernos todos no es de algo mágico, ni de cambios extraordinarios ni extraños. El año entrante será lo que de él estemos dispuestos a hacer. Nuestra felicidad no la producirá un cambio externo si antes no hay un cambio profundo y sincero de nuestra manera de proceder en todo.

El cambio de actitud que estamos necesitando, y aunque efectivamente es un tema tan trillado, pasa por la importancia, con lo cual también quiero decir tiempo, que le dediquemos a nuestras familias. Seremos el próximo año, lo queramos que sean nuestras familias. No es casualidad que técnicamente esta página será publicada para la Fiesta de la Sagrada Familia. En la familia está nuestro presente y nuestro futuro.

Sin la familia, nos hemos dado cuenta que atravesar la noche oscura que ha representado la pandemia, las inundaciones y la crisis política, sería prácticamente imposible. Todo vuelve a la familia, todo sale de la familia, y todo tiene sentido cuando aprendemos a ser familia,  cuando construimos familias según el corazón de Dios.

Así que, en esta última columna de este año 2020, que todos quisiéramos dejar en el olvido yo quiero recordarles la importancia que debe tener hoy y siempre la formación de familias, de matrimonios que se asemejen lo más posible a la Sagrada Familia de Nazaret. Una familia que también conoció la persecución, el dolor pero que sobretodo mantuvo la esperanza. Feliz Navidad para todos y un lindo 2021 en familia.

uptelas, sobre todo en el mal llamado Congreso de la República, agravan duramente todo lo que ya de por sí era muy doloroso.

Podemos bromear incluso que la canción proscrita para este fin de año es aquella de “Ay yo no olvido el Año Viejo”, pero lo cierto es que con tanta incertidumbre que se cierne sobre nuestra historia patria para los próximos meses, no creo que llegue a ser fácil olvidarnos no sólo de este sino también del próximo año.

Si lo pensamos bien, el próximo año se conmemora el 200 aniversario del inicio de la Emancipación Política de Centro América frente a España, y de celebrativo tendrá poco porque los ideales que impulsaron aquella gesta, se estrellaron hace muchas décadas con el muro de la corrupción e indiferencia de los que nos han gobernado. Casi 200 años han pasado y no aprendimos nada más que a saltarnos todas las normas de la ética habidas y por haber.

Padre Juan Ángel López, párroco Sagrado Corazón de Jesús, Miraflores

Me viene a la mente una de las lecturas de estos días pasados de la Novena de Navidad en la que se nos recordaba el nacimiento del Precursor. La gente se preguntaba maravillada ¿qué sería de aquel niño? Nosotros estamos preguntándonos lo mismo: ¿Qué será de nosotros este nuevo año? Pero de lo que debemos convencernos todos no es de algo mágico, ni de cambios extraordinarios ni extraños. El año entrante será lo que de él estemos dispuestos a hacer. Nuestra felicidad no la producirá un cambio externo si antes no hay un cambio profundo y sincero de nuestra manera de proceder en todo.

El cambio de actitud que estamos necesitando, y aunque efectivamente es un tema tan trillado, pasa por la importancia, con lo cual también quiero decir tiempo, que le dediquemos a nuestras familias. Seremos el próximo año, lo queramos que sean nuestras familias. No es casualidad que técnicamente esta página será publicada para la Fiesta de la Sagrada Familia. En la familia está nuestro presente y nuestro futuro.

Sin la familia, nos hemos dado cuenta que atravesar la noche oscura que ha representado la pandemia, las inundaciones y la crisis política, sería prácticamente imposible. Todo vuelve a la familia, todo sale de la familia, y todo tiene sentido cuando aprendemos a ser familia,  cuando construimos familias según el corazón de Dios.

Así que, en esta última columna de este año 2020, que todos quisiéramos dejar en el olvido yo quiero recordarles la importancia que debe tener hoy y siempre la formación de familias, de matrimonios que se asemejen lo más posible a la Sagrada Familia de Nazaret. Una familia que también conoció la persecución, el dolor pero que sobretodo mantuvo la esperanza. Feliz Navidad para todos y un lindo 2021 en familia.

 

 

 

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