“Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”, nos recuerda el Evangelio de San Mateo (17, 3). Esta escena, vivida por Pedro en lo alto del monte, representa ese deseo humano de permanecer en la experiencia gloriosa de Dios sin volver a la rutina diaria. Sin embargo, la Transfiguración no es una invitación al aislamiento espiritual, sino al envío.
Antesala de la Gloria del Señor
La Transfiguración es también una prefiguración de la resurrección, en la que se manifestará plenamente la victoria de Cristo sobre la muerte. Para nosotros, los creyentes, es un llamado a la transformación interior: a vivir desde ahora como hijos de la luz, dejando que el encuentro con Jesús nos purifique.
Apertura
Con esta perspectiva, la fiesta litúrgica de la Transfiguración nos anima a abrir el corazón para compartir la luz de Jesús con los demás, ser testigos de su gloria y llevar esa esperanza a todos los ambientes que habitamos.
Monseñor José Vicente Nácher, Arzobispo de Tegucigalpa, nos recuerda que: “Cuando vivimos una experiencia profunda, como un retiro o encuentro espiritual, muchas veces no queremos regresar a la realidad. Pero al bajar del ‘monte santo’, aunque afuera pocas cosas hayan cambiado, dentro de nosotros todo es distinto. El cambio del mundo no ocurre por sí solo, sino a través de nuestra conversión personal y comunitaria”.
“Nuestra misión es invitar a todos a escuchar la voz que nos habla al corazón y mirar el rostro del hermano pobre, reflejo del rostro Cristo, que, transfigurado fue destello de la gloria de Dios”
Mons. José Vicente Nácher
Arzobispo de Tegucigalpa
Para Juan Carlos Canales, feligrés de la Parroquia San Maximiliano Kolbe de la Arquidiócesis de Tegucigalpa, la Transfiguración va más allá de un pasaje bíblico: “Debe convertirse en una experiencia real y cercana con Jesús, que impulse una verdadera transformación en nuestras vidas”. Por su parte, el Padre Rodolfo Varela, presbítero de la Arquidiócesis de Tegucigalpa y actualmente estudiante en Roma, señala que este pasaje del Evangelio anticipa la revelación gloriosa de Jesucristo, que alcanzará su plenitud en la resurrección. “Lo que celebramos —afirma— es precisamente eso: la manifestación de la verdadera identidad de Jesús como Hijo de Dios”.
Muestra de su identidad al mundo
El presbítero Héctor López, formador en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa (SMNSS), explica que la Transfiguración es una revelación de la verdadera identidad divina de Jesús. “Es un anticipo de su resurrección, donde su humanidad será glorificada. Pero también es una invitación a nosotros: a dejarnos transformar, a purificarnos y a caminar hacia la santidad”.
Según una antigua tradición, el episodio de la Transfiguración tuvo lugar 40 días antes de la crucifixión de Jesús; así, la fecha de la fiesta se fijó 40 días antes de la de la Exaltación de la Santa Cruz (el 14 de septiembre).