La Sagrada Comunión es un acto de purificación y penitencia del alma

El pecado venial no impide al cristiano acercarse a la Comunión, pero si debe estar atento de no pasar los límites permitidos

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La recepción de la Eucaristía, es el acto más profundo y sublime para la fe católica, momento de mayor acercamiento con Jesús. La lejanía de la oración, de las obras de misericordia y de la frecuencia sacramental, podría provocar que no se dé el valor a tan grande sacramento, que llega como salud y economía para el cristiano.

Penitencial

Una parte vital para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el sacramento de la Reconciliación, porque genera conciencia, dolor y motivación al cambio verdadero. El Padre Rodolfo Varela, Párroco de la comunidad Nuestra Señora de la Visitación, expone que “El fiel pide perdón por los pecados veniales con el acto de contrición al iniciar la Eucaristía con el Señor ten piedad, pero caemos en el riesgo de acumular estas faltas y convertirlas en pecado grave”.

La recomendación que el Padre Varela ofrece es que “si comulgamos en pecado grave como dice San Pablo, nos estamos condenando recibiendo la Eucaristía indignamente, por lo que debemos evitar la Comunión de esta manera y antes hay que confesarse para poder comulgar en estado de gracia”.

Explicaciones

El Código de Derecho Canónico en su numeral 916, señala que quien tenga la conciencia de estar en pecado mortal o grave, no puede siquiera, celebrar la Santa Misa y mucho menos comulgar, teniendo como detalle que, si no se puede impedir la Comunión recibida, el fiel pueda hacer un acto de contrición perfecto y confesarse cuanto antes, todo esto vale si hay un propósito de enmienda y de no seguir en pecado.

Aunque la Iglesia permite la Comunión con pecados veniales, siempre recomienda de manera periódica la reconciliación sacramental. Para un buen acto de contrición previo a la Eucaristía, es preciso analizar los diez mandamientos y definir qué faltas se cometieron, teniendo claro la diferencia entre pecados veniales que permiten de cierta manera la comunión y los pecados mortales o graves que requieren otro proceso.

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