La devoción de Santa Clara de Asís al Santísimo Sacramento

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Clara es, de hecho, junto con Francisco, su padre y amigo, uno de los testigos privilegiados de la piedad eucarística de principios del siglo XIII.

Es necesaria enmarcar la devoción Eucarística de Clara en el contexto de la vida religiosa de su época.

Aunque las fuentes de la vida de santa Clara raramente aluden a este tema, una profunda devoción eucarística animaba el monasterio de San Damián. La decidida voluntad de la abadesa y de sus hermanas de vivir y morir «en la fe católica y en los sacramentos de la Iglesia» (RCl 2), bastaría para fundamentar esta opinión.

El ejemplo de Francisco, por lo demás, permanecía vivo ante sus ojos. La devoción del Pobrecillo al Cuerpo de Cristo era tan intensa que constituía como el centro de su vida con el Señor. En su primera Admonición nos confiesa: «Y como se mostró (Cristo) a los santos apóstoles en carne verdadera, así también ahora se nos muestra a nosotros en el pan consagrado… y de esta manera está siempre el Señor con sus fieles, como El mismo dice: “Mirad que yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del mundo”». Clara, su «Plantita», que fue en todo momento el reflejo del alma del «Pobrecillo», no pudo alejarse de él en este punto esencial. Nos dice René-Charles Dhont, o.f.m. en el documento Santa Clara de Asis y la Eucaristía.

El más famoso entre todos los milagros obrados por Santa Clara de Asís, es el que ocurrió en 1240, un viernes del mes de septiembre. Clara se encontraba frente a la amenaza de los soldados sarracenos que habían logrado penetrar el claustro del convento de San Damián. Logró que éstos huyeran mostrándoles la Hostia Santa.

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