En la Eucaristía que se celebra cada domingo en la Basílica de Suyapa, monseñor Teodoro Gómez, leyó este domingo 16 de octubre, vigésimo noveno del Tiempo Ordinario, el mensaje del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez en donde inspirado en las Escrituras, destaca que, “Vivimos en un mundo que parece dominado por la propaganda de un sistema que quiere silenciar todos los gritos y engañarnos a todos con el circo mediático de las mentiras organizadas”.

El Evangelio de este domingo Jesús presenta una parábola con el propósito de hacer comprender a sus discípulos la necesidad de orar siempre sin desanimarse. Por lo tanto, no se trata de orar algunas veces cuando me apetece, ya que la oración es la que sostiene nuestra fe en Dios. Si dejamos la oración, la fe se tambalea. Uno de los personajes, que sirve para nuestra reflexión es el juez injusto. “El mal juez representa los poderes del mundo, que no creen en Dios ni en la justicia e ignoran a los que “gritan, día y noche”. ¿Qué le importa a este sistema la vida o muerte de los pobres?” cuestionó.

De igual manera, el mensaje del Arzobispo de Tegucigalpa, destaca el papel de la viuda y su fe. “La fe de aquella viuda que confiaba firmemente en alcanzar la justicia a la que tenía derecho. La viuda de la parábola es un símbolo de lo que es vivir una situación de desamparo, de un momento límite…,en la cultura bíblica representa a los más pobres e indefensos, pero también es un modelo de tenacidad y de perseverancia” dijo.

Oración

El “gritar noche y día” de la parábola es la oración de los oprimidos por un sistema injusto que claman por un cambio radical del mundo. La parábola subraya la persistencia activa de la viuda por sacar adelante su asunto, a pesar del juez. Con esta parábola del “juez injusto”, que por fin hace justicia a la mujer pobre.

Jesús nos presenta las dos actitudes fundamentales de la oración: la confianza y la perseverancia, con la certeza de que Dios escucha siempre nuestras súplicas. Esta parábola encierra antes que nada un mensaje de confianza. Los pobres no están abandonados a su suerte. Dios no es sordo a sus gritos. Dios tiene compasión de todos nosotros. Es posible vivir en la confianza y trabajar por la justicia en el mundo. La oración nos compromete en la humanización del mundo.

En el Evangelio de hoy, Jesús nos invita a la oración: “Orar siempre sin desanimarse”. La oración ocupa un lugar esencial en la vida de Jesús. La oración está presente en su vivir diario. La oración de Jesús brota espontáneamente de esa relación profunda que vive con el Padre. Su confianza en el Padre se mantiene firme en los momentos más difíciles de su vida.  Sin una profunda relación con Dios, ¿Cómo podremos vivir con alegría la novedad radical del Evangelio, que es “contracultural” en nuestro mundo actual? Podemos hacer nuestra la oración del salmo de la liturgia del domingo: “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”. dijo.

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