La migración y las severas secuelas que deja en las familias hondureñas

El daño provocado a este importante núcleo de la sociedad es múltiple y va desde la fragmentación hasta sentimientos de miedo, depresión, incertidumbre y fracaso

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La joven Maritza Guzmán, soñaba con terminar su casa y cumplir sus sueños, cosa que aquí en el país veía imposible realizar. Es así que emprendió el camino hacia los Estados Unidos, que al final le resultó tormentoso y su anhelo se vio frustrado al ser retornada a la patria que la vio nacer. “Es la peor decisión que pude haber tomado, porque no tomé en cuenta el daño psicológico y emocional que le estaba causando a mi hijo y a mi mamá. A ellos les pido perdón por aquel momento de arriesgarme y haberme separado de ellos, pero gracias a Dios pude regresar con vida”.

Y es que, según Lyana Argüello, especialista en temas de orientación familiar y voluntaria del Teléfono de la Esperanza, la migración en la familia tiene diferentes actores: el migrante que sale de su país con la ilusión de un mundo mejor, que se encuentra con vicisitudes en el camino y vive múltiples pérdidas de forma consciente e inconsciente, su familia, los amigos, la cultura y en algunos casos hasta el idioma. “La familia que queda en el país de origen también vive otras situaciones de incertidumbre. La ansiedad de saber si se logra o no la meta, el vacío que deja el ser que ha partido. Los niños pueden sentir rechazo, abandono, no tener claro a quien respetar como autoridad. Se viven diferentes tipos de perdidas como un proceso de duelo, enojo, frustración, ansiedad, hasta aprender a vivir sin el familiar”, expresó Argüello.

De igual manera, dijo que si el migrante fallece en el trayecto el ambiente en casa es peor. “Toda la familia, amigos, conocidos y los compañeros de viaje, sufren mucho al ver el cuerpo sin vida cuando es repatriado al país”. La especialista apunta que muchas personas luchan para que sus parientes sean devueltos, porque es necesario para que puedan vivir el proceso del duelo que va desde el shock por la pérdida, la tristeza y la negación para poder llegar a la aceptación.

Secuelas

Por otra parte, la Hermana Nyzelle Dondé, coordinadora nacional de la Pastoral de Movilidad Humana (PMH), también habla de las secuelas que deja la migración. “Se puede analizar de diferentes dimensiones, porque muchas son las secuelas que deja la salida irregular de las familias y vemos constantemente que hay muchas separaciones de seres queridos”. La religiosa agrega que “acá en Honduras vemos muchos adolescentes que emprenden la ruta migratoria, jóvenes que dejan a sus familias, padres y abuelos al pendiente de su llegada, lo que causa bastante estrés y preocupación en ellos”. La Hermana Dondé apunta que otra secuela generada por la migración, es en la dimensión económica. “Muchos migrantes cuando regresan ya no tienen su trabajo, ni formas de integrarse en el mercado laboral”.

A parte de esto, según la religiosa, también quedan dolorosas marcas psicológicas, especialmente cuando se trata de migraciones forzadas o cuando las personas son menores de edad y se movilizan de manera solitaria. Heridas Mientras tanto, Karen Núñez, coordinadora de la Comisión Nacional de Apoyo a Migrantes Retornados con Discapacidad (CONAMIREDIS), expresó que la migración deja muchas heridas y más en la familia.

“No se pide la opinión de lo que piensa ni a los hijos, padres o personas más cercanas. Aquí sabemos que en Honduras existen núcleos familiares grandes y debido a la necesidad y a la problemática que se vive día con día, toman muchas decisiones que son irreversibles y muy dañinas” apuntó Núñez y al mismo tiempo agregó que “considero que el riesgo que se lleva al momento de decidir migrar es grande, no es fácil dejar a la familia para buscar una mejor vida, estabilidad económica o poder dar a los hijos lo que necesitan para subsistir”.

La experta en migración considera que cuando los hijos crecen, van solicitando más cosas. “Es allí cuando viene aquel sentir que en Honduras no lo van a poder lograr y ven que la única alternativa para poder buscar un apoyo o solventar las necesidades es migrar”, manifestó Núñez y sostuvo que “desde allí se va fragmentando y desintegrando mucho la familia, porque los hijos no entienden la crisis que se vive en el hogar. ¿Por qué mi mamá se fue? ¿Por qué mi papá se fue? ¿Estará sufriendo? Son las preguntas que constantemente se repiten en los hogares por parte de los hijos. “Muchos de los niños o adolescentes, quedan en manos de otros familiares y a veces no hay mucha responsabilidad de los parientes por cuidarlos, pero no es lo mismo criarse en un núcleo familiar que estén junto aún con necesidades, que estar separados”, concluyó Núñez.

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