Bajo el lema “Familias convertidas, familias misioneras”, la Comisión Nacional de Pastoral Familiar ha preparado la revista del Mes del Matrimonio y la Familia, un recurso que ofrece catequesis y herramientas de oración que motivan a las familias a redescubrir su vocación misionera, impulsadas por la fe y la alegría del Evangelio.

Campaña

La propuesta responde al llamado de los obispos hondureños, quienes este año han pedido a toda la Iglesia reflexionar en torno a la conversión personal y pastoral para la misión, inspirando así una vivencia activa de la sinodalidad. Para el Padre Juan Carlos Martínez, asesor de la Pastoral Familiar en la Arquidiócesis de Tegucigalpa, esta invitación es un llamado a reencontrarse con Cristo en la vida familiar. “La conversión es el encuentro con Cristo que transforma nuestro hogar. Es de ese encuentro que nace la alegría de compartir la Buena Nueva, no solo con palabras, sino con el testimonio diario”, expresó.

El sacerdote también destaca que la revista contiene propuestas espirituales para vivir en familia, como momentos de oración, reflexión comunitaria y celebraciones litúrgicas, entre ellas la Hora Santa. Por su parte, Karla Ortiz, coordinadora de la Pastoral Familiar Arquidiocesana, subraya que el lema adoptado se vincula directamente con la campaña nacional de evangelización misionera. Este enfoque se ha desarrollado en diversas etapas, comenzando por la conversión personal y familiar, con miras a la Misión 2025. “Queremos una familia que camine junta, que ore junta y que evangelice unida. El Jubileo de la Familia es una oportunidad para reunirnos, peregrinar y renovar el compromiso con Dios y con la comunidad”, concluyó.

1. Misión
Es llevar la luz del Evangelio a quienes aún no lo han recibido, despertando el deseo de Dios. Implica salir de la comodidad, ir al encuentro del otro, y acompañarlo en su realidad. Como Iglesia, estamos llamados a vivir una pastoral decididamente misionera que llegue a las periferias con amor y esperanza.
2. Conversión
Nos hace experimentar la misericordia de Dios, impulsándonos a vivir según su voluntad. En familia, es fuente de bendición y fuerza para testimoniar con coherencia. Al abrirnos al cambio, reconocemos nuestras fragilidades y nos dejamos moldear por el Espíritu siendo reflejo del amor de Dios.
3. Anuncio
La familia, Iglesia doméstica, es lugar privilegiado del anuncio, reflejo del amor trinitario y semilla del Reino. La Palabra se hace creíble cuando es vivida con coherencia, paciencia y alegría. Cada hogar puede ser un faro que ilumina el camino de otros hacia Cristo, especialmente en tiempos de oscuridad.

Familia

 Sor Ana Dubón, de las Pequeñas Hermanas de la Sagrada Familia, recuerda con firmeza la expresión de San Juan Pablo II: la familia es la iglesia doméstica. Desde esa convicción, anima a las familias a asumir su rol evangelizador. Señaló que, “en la familia se aprende a orar, a escuchar, a amar. Es ahí donde nacen los primeros misioneros. Padres, jóvenes y niños, todos podemos evangelizar desde la cotidianidad con alegría”. La religiosa enfatiza que el testimonio de vida es más poderoso que cualquier palabra, y que la coherencia entre fe y vida es esencial para sembrar valores cristianos en la sociedad.

“Hay que preparar y cultivar la familia, no improvisarla; Honduras necesita una conversión del corazón hacia el verdadero sentido de la familia”

Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, Arzobispo Emérito Tegucigalpa

El Padre Abraham Méndez, párroco de San José Obrero en Santa Bárbara, reafirma que es tiempo de volver a lo esencial, colocando a la familia en el centro del plan de Dios. “La familia sigue siendo el fundamento de la sociedad. Hoy más que nunca, necesitamos hogares que vivan los valores del Reino y que respondan al llamado de Dios con una misión clara: ser luz en medio del mundo”, exhortó. Durante este mes, cada parroquia hondureña desarrollará actividades en sintonía con esta campaña, el objetivo no es solo formar, sino también enamorar nuevamente a las familias de su vocación como anunciadoras del Evangelio, haciendo del hogar un verdadero santuario de vida, comunión y esperanza.

Una llama que enciende corazones
La familia es la primera comunidad de fe y el fundamento de la sociedad. Por ello, la Pastoral Familiar tiene una misión esencial: evangelizar desde el corazón del hogar. A través de retiros, talleres y acompañamiento espiritual, busca sanar, formar y fortalecer los lazos familiares. No se limita a la parroquia, sino que alcanza a familias en crisis o alejadas. Su labor, humilde y cercana, siembra valores como la solidaridad, el amor y la fe, construyendo así una sociedad más justa y cristiana.

El mes del Matrimonio y la Familia se presenta, entonces, como un tiempo de gracia en el que la Iglesia en Honduras quiere caminar unida, en sinodalidad, como una gran familia misionera que se deja renovar por el Espíritu Santo y sale al encuentro de los demás con alegría y fe.

“La misión cobra sentido, es una noticia que llena de alegría el corazón del hombre y de la mujer, permitiéndonos en este año jubilar hacer de nuestras familias el santuario de la vida, la iglesia doméstica que camina y peregrina al encuentro del Señor”

 P. Juan Carlos Martínez

Párroco Catedral San Miguel Arcángel

“Padres de familia, jóvenes y niños. Embellecen la Iglesia con sus dones y carismas, con su alegría y dinamismo. Todos, como familia, estamos llamados a caminar siendo testigos de la esperanza, para construir comunidades donde reine el amor y la unidad”

Sor Ana Dubón

Religiosa

“La Sagrada Familia nos acompaña en este camino, la pastoral familiar no debe ser segmentada, sino integradora, al servicio de todos, humilde, y transversal en su acción, no por importancia, sino por su vocación de servicio a toda la Iglesia”

Karla Ortiz

Pastoral Familiar

“Desde la base sólida que es el matrimonio, podemos responder al llamado, ayudando a tantas familias necesitadas de Dios. Es necesario que ellas también se sientan involucradas, caminando como Iglesia peregrina, cuya base fundamental es la familia”

P. Abraham Méndez

Párroco San José Obrero Santa Bárbara

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