Homilía del Señor Arzobispo para el XXV Domingo del Tiempo Ordinario

“¿De qué discutían en el camino?” (Mc 9, 29-36)

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Es una pregunta que Jesús hace a los discípulos caminando hacia Jerusalén y que ellos no se atreven a contestar. Ellos, mientras caminaban, discutían acerca de quién era “El más importante”. No hablaban, iban discutiendo. Piensan que Jesús no atiende, pero Él oye y pregunta: ¿De qué discutían?: Ser importante constituye un deseo irreprimible en los seres humanos, también en los discípulos de Jesús y en nosotros.

Esta pregunta de Jesús es muy importante. Él conoce bien el corazón humano y la ambición de poder que, a veces, nos domina y tiene interés en que sus discípulos se pongan en la verdad y que le digan de qué han hablado por el camino. Sí, es importante decirnos la verdad…la verdad sobre nuestra necesidad exagerada de reconocimiento, nuestro deseo de ser importantes, de ser los primeros… Nuestra misión solo encuentra sentido si la vivimos como servicio. Toda misión, todo cargo, es siempre un servicio a los demás.

Pero ¿No es verdad que hacemos muchas cosas por esa necesidad exagerada de ser reconocido, de salir de la sombra, de ser el primero? El triunfo en la vida lo domina todo…pero Jesús invierte los valores vigentes de nuestra sociedad. Jesús les dice: “Quien quiera ser el primero que sea el último de todos y el servidor de todos”. Los discípulos ambicionan el puesto más importante, cada uno quiere estar por encima de los demás, ser el primero.

Jesús se sitúa en otra perspectiva y afirma que el puesto de “primero” en la comunidad no está reservado a un individuo o a un grupo, sino que lo ocupa todo aquel que se haga último y servidor de todos. De este modo, Jesús sale al paso de la ambición demostrada por los discípulos. No admite el deseo de rango, pero si la aspiración a estar cercanos a Él y seguirle. Quien se hace último y servidor de todos, se parece a Jesús y le sigue más de cerca.

¡Cómo cambiaría todo si este mensaje penetrara en nuestra sociedad, en nuestra Iglesia y en todos nosotros! Después Jesús tiene un gesto impactante: “Tomando a un niño lo puso en medio de ellos, lo abrazó”… ¿Qué significa este gesto? La referencia a un niño tiene un profundo significado, pues el niño, en aquella cultura, representaba algo pequeño, indefenso y socialmente irrelevante. Jesús coloca en medio, en el centro a un niño como punto de referencia. Abrazar al niño, es un gesto de cariño y de identificación con Él. Recibir al que no cuenta es recibir a Jesús y a Dios. Pertenecer a la comunidad de Jesús pasa por recibir y servir al último, al que no cuenta. Nuestra oración hoy, puede ser: “Tú, Señor Jesús, nos cuestionas ante nuestras necesidades exageradas de ser los primeros y nos propones el camino del amor haciéndonos servidores de todos y de los que no cuentan”.

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