Es el más grande mandamiento… (Mt 22,34-40 – XXX T.Ordinario)

 

  Se trata este domingo de un tema fundamental que el mismo Jesús nos presenta, como virtud o realidad rectora que sostiene toda la Ley y los Profetas, más aún, según la expresión griega original, sería de la que “está suspendida” toda la Biblia:  Agapésis Kúrion… amarás al Señor –agapésis tón pleíon… amarás a tu prójimo. Toda la Sagrada Escritura está impregnada del saber que “Dios ama a su pueblo”, un amor representado a través de los tres modelos clásicos del amor: el nupcial, el materno y el paterno. De la visión religiosa de la seguridad del amor de Dios, se desprende que podemos nosotros criaturas suyas, amarlo a Él por encima de todas las cosas y a la vez “Amar al prójimo como a ti mismo”, recogiendo el texto de Lv 19,18, que es el que el propio Jesús cita. Es tal una realidad consumada en la y lapidaria de la Escritura que el propio San Pablo más tarde lo dirá a su manera: “El que ama a su semejante ha cumplido la Ley” (Rm 13,8). Una visión de conjunto de toda la Biblia mostraría como desde el inicio con el Génesis hasta su final con el Apocalipsis, el amor al prójimo es hilo de oro que teje todas las historias sagradas, en todas sus formas: amor al forastero, al huérfano y a la viuda; amor a los enemigos y sobre todo ese amor de fraternidad que brota del Nuevo Mandamiento: “Amaos los unos a los otros” (Jn 13,34; 15,12.17). Tan rica Palabra de Dios nos debiera impulsar a leer Fratelli Tutti, del Papa Francisco, ya que como señala en el numeral 8: “Nadie puede pelear la vida aisladamente. Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante”. El proyecto de Jesús planteado hoy es hacer del amor el punto de partida que nos lleve a Dios y al prójimo, proyecto que está por igual de fondo en el pensamiento del Papa.

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