Editorial |Nuestra Voz | “Libres de elegir si migrar o quedarse”

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En los últimos años, uno de los más impactantes fenómenos sociales a nivel mundial ha sido la “migración humana”. Millones de personas se han visto forzadas a tener que abandonar sus países de origen debido a catástrofes humanitarias, como hambrunas, sequías, guerras, persecuciones, desastres naturales, en busca de seguridad y de un futuro más auspicioso, a pesar de tener que adaptarse a otras costumbres muy ajenas a las propias y en ocasiones a un idioma diferente. Esta verdadera tragedia humana ha suscitado reacciones opuestas. Por una parte, se ha levantado un gran sentimiento de solidaridad.

Por otra parte, han resurgido corrientes nacionalistas y xenofóbicas. Ante una situación tan sensible y extrema es oportuno examinar qué espera Dios, de las personas que nos declaramos católicos en relación con los migrantes. En el libro del Levítico 19:34, se cita: “Al forastero que viva con ustedes lo mirarán como a uno de ustedes y lo amarás como a ti mismo, pues ustedes también fueron forasteros en Egipto: ¡yo soy Yahvé, tu Dios!”

Nuestra vida e historia como Iglesia de Dios está íntimamente ligada a la movilidad comenzando desde el libro del Génesis, donde el patriarca Abraham obedece el mandato de Dios, de dejar su tierra natal en Mesopotamia; pasando por el exilio forzado de judíos a Babilonia y finalmente el exilio político al que fue sometido Jesús, María y José, que huyeron de una autoridad despótica y cruel transitando por caminos peligrosos llenos de riesgos para una mujer, un recién nacido y un papá que los cuidó y protegió hasta llegar a un lugar seguro. De tal modo que para nuestra Iglesia el tema del cuidado de cada ser humano que se ve obligado a dejar su patria en busca de un futuro mejor sea de manera forzosa o voluntaria, es un mandato mediante el cual “el Señor lo confía al amor maternal de la Iglesia” como nos lo recuerda el Papa Francisco.

Es por esa razón que cada año la Iglesia Universal celebra la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, en su edición 109, con el propósito de expresar la preocupación por las diferentes categorías de personas vulnerables que se desplazan; para rezar por ellas, mientras afrontan numerosos desafíos y para sensibilizar sobre las oportunidades que ofrecen las migraciones y el título del mensaje: “Libres de elegir si migrar o quedarse” es la esperanza de que todo aquel que desee cambiar de residencia lo haga de manera libre sin estar forzado por el entorno o las circunstancias.

En Honduras, la Pastoral de Movilidad Humana conmemora del 3 al 9 de septiembre la Semana del Migrante con el propósito de poner en el tapete de la discusión la realidad de casi 200,000 migrantes de diferentes nacionalidades que cruzaran nuestro territorio en busca de un sueño que muchas veces que resulta ser iluso, y de los miles de compatriotas que son retornados de los Estados Unidos y México. Pidamos insistentemente a Dios, que nos ayude a entender la situación de los migrantes, que nos permita poner los medios para ayudarles y abrirles las puertas para acogerles, acompañarlos, orientarles e integrarles en nuestra sociedad.

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