Cada vez que nos disponemos a compartir la mesa, ya sea en familia, con amigos o incluso en soledad, tenemos la oportunidad de elevar nuestro corazón al Creador para agradecerle por el pan de cada día. Bendecir los alimentos no es un gesto mecánico ni una tradición sin sentido; es un acto de fe que reconoce a Dios como fuente de todo bien y que santifica lo que vamos a consumir.
Ejemplo
El Padre Samuel Salgado explica que, desde tiempos bíblicos, la bendición de La comida ha sido un signo de gratitud, recordándonos que Jesús bendecía los alimentos para multiplicarlos, compartirlos y dar gracias a Dios. Así, la oración antes de comer nos recuerda que cada bocado es un regalo que debe recibirse con humildad y gratitud.
Jesús mismo nos dejó este ejemplo, los Evangelios relatan cómo, antes de la multiplicación de los panes y los peces, Él levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición y partió el pan. Este gesto revela que, al encomendar los alimentos a Dios, no solo agradecemos, sino que los ofrecemos para que sean fuente de fuerza y comunión.
Aprendizaje
Bendecir lo que vamos a comer también nos mueve a la solidaridad, al reconocer que lo recibido es un don, David García, miembro de la Parroquia Inmaculada Concepción Salud de los Enfermos, recuerda la importancia de inculcar este acto de gratitud a nuestros niños, especialmente enseñándoles que lo que viene de Dios, como el pan de cada día, son inmensas bendiciones que nos da como sus hijos. La Iglesia propone oraciones sencillas, como “Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos”, pero más allá de las palabras, lo esencial es que el corazón se eleve a Dios con gratitud sincera. En medio del ritmo acelerado de la vida, detenernos unos segundos para bendecir la mesa es un recordatorio de que Dios está presente incluso en lo cotidiano. Es un pequeño acto que, hecho con fe, fortalece nuestra relación con Él y transforma la comida en un momento de comunión y amor.


Gratitud
Bendecir los alimentos es reconocer que todo proviene de Dios y que Él provee lo necesario para nuestro sustento diario. Es un acto que eleva el corazón y santifica lo que vamos a consumir.
Ejemplo de Jesús
Antes de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús bendijo los alimentos, enseñándonos que todo lo que recibimos debe pasar por la oración y la gratitud.
Solidaridad
Al agradecer por los alimentos, recordamos a quienes carecen de lo necesario. Este gesto nos invita a compartir y a vivir con un corazón solidario.
Presencia de Dios
Detenernos a bendecir la mesa nos recuerda que el Señor está presente en cada momento de nuestra vida, incluso en lo cotidiano, y que su amor nos acompaña siempre.