Un calvario tortuoso en busca del “sueño americano”

Cada día, cientos de hondureños deciden emprender un camino complejo y peligroso para obtener una mejor condición de vida

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El Vía Crucis, es la meditación de los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posteriormente su resurrección. Estos pasajes se asemejan a la realidad que viven miles de ciudadanos de países sumergidos en la pobreza, tal es el caso de Honduras, El Salvador y Guatemala, que conforman el Triángulo Norte de la región Centroamericana. Las condiciones de extrema pobreza recuerdan el momento en que Jesús fue condenado a muerte, a lo que se le suman los grandes casos de corrupción que se dan desde las esferas del poder, lo que da paso a que familias completas carguen con una cruz, cayendo en reiteradas ocasiones por situaciones como la inseguridad, violencia, maltrato, violaciones a las garantías sociales y constitucionales. Despojados de un trabajo, alimento, salud y educación de calidad, cientos de centroamericanos y hasta ciudadanos de otras regiones buscan el mal llamado “sueño americano”.

Repetitivo

Este “calvario”, en los últimos días se ha visto agudizado, porque no existen las verdaderas medidas, soluciones y políticas para reducir este fenómeno migratorio, que no debe de ser considerado como un delito, ni como una amenaza, sino como un derecho humano. “Basta con ver el rostro de la población migrante en todos los cruces de fronteras y de la situación de vulnerabilidad que está viviendo Honduras, donde hay miles de compatriotas en lamentables condiciones en la frontera de México con Estados Unidos”, señaló Itsmania Platero, defensora de los migrantes.

Crisis

Honduras se ha convertido en el epicentro del flujo migratorio, ya que es un país de paso, por donde haitianos, venezolanos y de otras nacionalidades, cruzan al emprender la huida migratoria, lo que ha dejado una crisis humanitaria en el sur oriente del territorio nacional, en donde las casas y albergues se han visto abarrotados. “Vivimos en un país en donde hay muchos factores que impulsan la migración, sin olvidar que a diario cientos de compatriotas son deportados de México y Estados Unidos, al mes de marzo, se ha superado la cifra con la que cerró el 2021. Así mismo señalamos que el Estado deberá ser garante de los derechos de estos ciudadanos que llegan en lamentables condiciones”, manifestó César Ramos, integrante de la Acción Social Menonita.

Realidades

A lo largo del camino Jesús se vio frente a muchas escenas dolorosas, condiciones que también viven los hermanos migrantes, quienes además de enfrentarse al peligro y el cambio climático, también son víctimas de sobornos y hasta de malas prácticas de miembros de seguridad y autoridades migratorias en los países del Triángulo Norte, información que se genera a raíz de las denuncias de haitianos, quienes aseguran pagar 150 dólares por cruzar la frontera, lo que ha sido condenado por defensores de derechos humanos.

“Tuve que pagar 150 dólares en Nicaragua, para que me dejaran pasar a Honduras, sino la hacía la policía no me dejaba ingresar, pero aquí en Honduras la atención es mucho mejor, me siento muy seguro, espero llegar Guatemala, México y luego a Nueva York, somos cinco familiares que anhelamos lograr este sueño, porque allá hay una vida mejor”, contó con mucha dificultad ante lo difícil que es hablar el español, Will Magfano, de nacionalidad haitiana. Lamentablemente, muchas personas pierden la vida ante lo irregular del camino, las condiciones inhumanas, las altas y bajas temperaturas, así como el peligro de ser arrollados por el tren de carga erróneamente llamado “La bestia”, o ser víctimas de una violación hasta de un asesinato, lo que recuerda la estación del Vía Crucis en donde Jesús muere y es sepultado.

Las familias de las víctimas, en muchas ocasiones, no logran despedir a sus seres queridos o dar una cristiana sepultura como lo hizo María, la madre de Jesús y las mujeres que le acompañaban, lo que también se suma a la pesadez de esta realidad que se ha clamado y gritado por décadas.

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