Reflexión | Esperanza en la persona correcta

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

La esperanza es una virtud muy desconocida y admitamos bastante devaluada. Se le quiere llamar “tener esperanza” a cualquier cosa y se le confunde fácilmente, con una espera medio paciente, casi resignada. Nuestra espera del día de la Navidad, más aún, del tiempo de la Navidad ha concluido. Muchos llegan a estos días, confundiendo la esperanza con el ansia. La ansiedad no es ni remotamente una señal de esperanza. La ansiedad agota, consume, destruye, anula la gracia de Dios. Muy por el contrario, la esperanza sostiene, encamina, nutre, da plenitud. Probablemente hay miles de maneras de vivir estos días santos, de disfrutarlos o desperdiciarlos, de valorarlos o desperdiciarlos. Pero por encima de cualquier cosa la única manera legítima de vivirla es en familia. La Navidad es tiempo de familia, es fiesta de familia.

Por eso, debemos seguir potenciando el valor de la familia. Todo este tiempo de pandemia nos ha recordado, a veces de manera dolorosa, que la familia no es accesoria, no es opcional, sino esencial. Quiera Dios que esta Navidad podamos todos recuperar, con las medidas de bioseguridad claro, el valor y la importancia de compartir juntos de ser familia, de tener en quien apoyarnos, de tener en quien confiar. La Navidad es tanto tiempo de familia que es lo que contemplamos en Belén es la historia de una familia. La historia de un joven matrimonio que se arriesga para cuidar de su criatura.

La Navidad es la historia de una familia que quiere y debe ser modelo para todas las familias. Es por eso, que el reciente mensaje de la Conferencia Episcopal de Honduras, apuntaba una vez más a llamarnos la atención sobre aquellos valores fundamentales que se aprenden en la familia y que son garantía de que tengamos una sociedad solidaria, fuerte y en paz. Los obispos quisieron optar en este mensaje navideño del 2021 por un llamado a ahondar el sentido de la esperanza. Necesitamos que la esperanza se fortalezca, necesitamos como lo dicen ellos ver el Año Nuevo con unos ojos distintos, confiando en que algo nuevo están haciendo, que algo nuevo se está gestando.

Lo cual no necesariamente, y esa es la clave para entender cualquiera de los mensajes de la Conferencia Episcopal, no tiene ningún carácter político y mucho menos sesgado. No hay un apoyo ni lo habrá nunca directamente a una institución política cualquiera. Como Iglesia el apoyo siempre irá a cualquiera, sin importar el color político, que se decida a promover el bien común, respetar la dignidad de la persona humana, y actuar de manera honesta y transparente. Necesitamos pues, acercarnos al pesebre para descubrir un camino de humildad, un camino de solidaridad. Porque Dios ha sido el primero en ser solidario con nosotros: se ha hecho uno como nosotros. Ojalá aprendamos todos a hacernos pequeños, sin buscar ninguna grandeza que se mida por el dinero, por el poder, sino por la capacidad de servir, de amar y de perdonar.

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