Reflexión | Distraídos y engañados

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

Bueno… tengo un buen rato de estar queriendo escribir sobre alguna cosa que no me vaya a representar que empiecen los grupitos de respuesta manipulados por los ideologizados o asalariados del nuevo régimen. Pero ¡Es que no ayudan! Con tanta distracción, con tanto tema que sacan en el Congreso Nacional que no ataca los problemas estructurales y fundamentales que enfrenta el país, uno termina por decepcionarse porque sinceramente creíamos que el balance que generaba la coalición iba a demostrarse en la práctica y no en los discursos.

Mientras sigamos en ese afán populista y distractor, de andar abriendo frentes de conflicto y sostenerlos a punta de justificaciones culpando a otros. Estamos todos claros que la situación heredada es sencillamente catastrófica, pero ¿Cuándo van a entender estos políticos, del color que sea, que dividiendo más al país no vamos a avanzar? Lo dije, mejor dicho, lo escribí hace 4 años atrás y me duele mucho repetirlo: en el caos nadie gana y todos perdemos. Hay que recordarle a los que están al frente de las instituciones que ya no están en campaña política y que su lenguaje debe ser de funcionarios nacionales y no de achichincles.

Falta escuchar personas conciliatorias. Aunque cueste hay que atreverse a dejar los resabios partidistas. Hablar con firmeza y defender posturas, debe ir acompañado de la coherencia que solo da la ética política y jugar a proponer cosas contrarias a Ley Natural no es nunca algo que lo genere. La manera de proceder de la izquierda moderna es igual en todas partes. Responden a un esquema en el que anulan por completo el diálogo y “ningunean” a quien quiera se atreva a disentir de sus posturas. Las ideologías son así, son visiones parciales de la realidad y tienden a imponerse negando validez a lo que piensen y opinen los demás.

Es por eso que, aunque no les guste a algunos, no se puede andar respondiendo cada vez que se les ocurra volver con la cantaleta de reclamar derechos a estos señores, que, por cierto, llamarles así no es discriminarles sino incluirles a todos. La persona humana es muchísimo más que sus inclinaciones sicológicas o sus apetencias sexuales. No se define una persona por su práctica sexual o su preferencia sexual. Sigo escribiendo sobre esto y siento que he caído en la trampa. Ya me distraje de lo que realmente es importante.

Además, ya me la gané por expresarme en contra de cualquier proyecto que no respete la vida desde la concepción hasta la muerte natural y en contra de cualquier proyecto que no respete la Ley Natural y la genética. Pero, sobre todo, estoy súper en contra de que invoquen el amor como la justificación de lo que es puro erotismo y no entrega fecunda por el otro, o la otra. Insisto, necesitamos dejar de ocuparnos de cosas que no abonan a la unidad del país.

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