Homilía: “Quien lleva en su corazón odio y mentira, afán de poder o lucro, jamás podrá liberar a nadie”

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Estas palabras, inspiradas en el Evangelio de este VIII domingo del Tiempo Ordinario, forman parte de la homilía dominical del Cardenal Óscar Andrés Rodríguez, que fueron leídas en la Basílica de Suyapa, por Monseñor Teodoro Gómez, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Tegucigalpa.

Inspirados en el pasaje de Lucas que se proclama este día sobre el ciego, el mensaje destaca que Jesús pregunta en este Evangelio, “¿Puede un ciego guiar a otro ciego?”, a partir de esta imagen del ciego que no puede guiar a otro ciego y del discípulo que no está tan instruido como su maestro, “Jesús nos invita a ser conscientes de nuestras propias cegueras y a ser capaces de vivir una verdadera autocrítica con nos otros mismos, que nos permita descubrir el grado de santidad que hemos alcanzado o por el contrario, la cantidad de pecados que nos esclavizan” dijo. 

El Obispo Auxiliar de Tegucigalpa advierte que en nuestra sociedad hay grupos de poder que ponen en marcha medios que falsean la verdad y entonces nos convierten en ciegos guiados por otros ciegos. “¡Cuántas veces nuestras insatisfacciones, nuestras frustraciones, hacen que miremos hacia la “mota en el ojo del hermano”! Otras veces nuestras propias visiones pesimistas las proyectamos sobre los otros y también nuestras necesidades insatisfechas nos hacen criticar y desprestigiar a los demás… ¿No puede haber algo borroso en nuestra mirada que nos impide ver con claridad?

Jesús dice: “Sácate primero la viga de tu ojo y entonces verás claro”; es una buena advertencia. Tendríamos que ejercitarnos en mirar a los otros con la mirada de Dios, entonces nuestra mirada cambiaría. “No hay árbol sano que, dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano”. Nuestra sociedad está realmente dañada por la injusticia, la confrontación, las descalificaciones y la agresividad. ¿No nos fijamos más en los fallos y defectos de los otros que en los propios?  Cuánto estamos necesitados los seres humanos y en especial los cristianos de una verdadera y auténtica conversión. Recordemos que el próximo miércoles comenzamos con la Cuaresma, tiempo propicio para convertirnos al Señor.

La historia, también la actual, es testigo de muchos supuestos movimientos de liberación que han terminado imponiendo a pueblos y personas una opresión más sutil y feroz que la que criticaban. Quien lleva en su corazón odio y mentira, afán de poder o lucro, jamás podrá liberar a nadie. ¡No se cogen higos de las zarzas, ni se cosecha uvas de los espinos!

Cada árbol se conoce por sus frutos. He aquí un toque de atención para nuestra vida personal y comunitaria. Cada uno da lo que es y vive. Nadie da lo que no tiene, si no tenemos a Dios en los corazones, no esperemos servir a los más pobres, no esperemos sacar a un país de la miseria. “Cada árbol se conoce por su fruto”.

Vale la pena que nos preguntemos ¿Qué puedo hacer para liberar lo mejor de mi corazón? ¿Qué puedo hacer para ser un hombre nuevo? ¿Qué puedo hacer para colaborar en hacer el bien en mi familia, en la Iglesia, en la sociedad? La respuesta obligada es conocer y aceptar a Cristo como el bien por excelencia, como el único Señor y Rey, que podrá liberarnos de todas nuestras cegueras, de todos nuestros pecados.

Concluyo la lectura haciendo la siguiente oración: “Nuestra oración hoy podría ser: Señor que podamos ver a los demás con tu misma mirada de amor y dar frutos de vida abundante en medio de este mundo lleno de odio, de rencor, de mentira y de injusticias de toda clase. Amén”

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