Palabra de vida |“Le suplicaba de rodillas…”

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Con el relato de este domingo encontramos a Jesús, que después de haber curado a la suegra de Pedro, el domingo pasado, hoy lo vemos en su recorrido encontrado por un leproso que viene a su encuentro: “¡Si quieres puedes curarme!”. Marcos a propósito desarrolla la escena dentro de un margen de verbos consecutivos para invitarnos a gustar del acontecimiento como si lo estuviéramos presenciando. El primer verbo es “moverse a compasión”, es Jesús que experimenta esta profunda conmoción en su ser interior, ante la angustia desesperada de ese desventurado. No hay que olvidar que un leproso era un “cadáver andante”, un “excomulgado de la sociedad civil y religiosa del tiempo de Jesús. Atenuando el hecho de considerar esta enfermedad como un castigo de Dios, culpa de un pecado.

Muchos textos antiguos de este evangelio, leen o traducen este verbo como “irritarse”, Jesús se irrita contra el mal y contra la marginación de la que este hombre está siendo sujeto, sin piedad alguna. Y, viene el segundo verbo: Jesús “extiende la mano”, gesto típico de Dios mismo quien es el único que conociendo la realidad profunda de esta situación de la lepra, puede inclinarse sobre el sufrimiento de este hombre. Pero, como dice la primera lectura de hoy de Lv 13,1-2.45-46 nadie debe y puede acercarse a él ni mucho menos tocarlo. Este leproso debió venir hacia Jesús gritándole y diciendo de sí mismo: “¡Impuro, impuro soy!”, como diciendo aléjense de mi, pero su actitud es acercarse a Jesús. Éste no lo rechaza, ha extendido su mano para tocarlo, violando todas las normas de pureza legal y echando sobre sí el mal del otro, casi compartiendo su destino y así rompiendo su aislamiento total.

Es una solidaridad total la de Jesús. Su compasión no tiene límite tal como viene presentado en la narración, que concluye con ese poderoso “¡Si quiero, queda limpio!”. Y aparece el mandato “¡No se lo digas a nadie!”. ¿Por qué le dice esto? Sabemos que Marcos nos va llevando a una develación de quién es Jesús, él no quiere que se descubra a Jesús por sus actos milagrosos de curación, la verdadera identidad del nazareno está cuando llegue a la Cruz y hacia allá nos lleva toda la obra del evangelista. Hoy vuelve esta divina palabra a comprender la opción de Dios y de su Cristo por los últimos, a quienes este mundo los tiene ya por descartados. Hoy la nueva lepra tiene otros cuerpos comidos por el alcohol, la droga, la enfermedad, etc. Son los nuevos y muchos marginados a quien el Papa Francisco nos ha pedido ver en las periferias de nuestros pueblos y ciudades con los ojos de Jesús.

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