Con el Año Santo que estamos viviendo, con mayor fuerza todos somos invitados a la mesa del Reino de Dios, que según la lógica de Jesús proclamada en el evangelio de este domingo, deberemos comprender que por la gracia de Dios y no por nuestros méritos o pretensiones, escuchamos del propio Señor decir: “Amigo, sube más arriba”. Y, es que, en este relato, Jesús observa con un poco de ironía a los invitados a un banquete de bodas, todos empeñados a ocupar los primeros puestos. Y viendo esta situación construye como siempre una enseñanza. Su mensaje parece muy de acuerdo con el proverbio que dice: “No te pongas en el puesto de los grandes; porque más vale que se te diga: sube acá, que ser humillado en presencia del príncipe” (Prov 25,6-7). Jesús transforma esta norma de sentido común en tema de urbanidad y hace una exhortación espiritual para todos los tiempos. En fin, el tema de hoy es la “humildad cristiana”. Propone a la raíz del tema el mensaje de la imitación del propio Cristo y su humildad total, que no le hace buscar los primeros puestos, sino el puesto del que sirve, es decir, del último. El banquete del Reino de Dios tiene una distribución de puestos muy distinta de la que estaba en vigor en los banquetes oficiales terrenos. Son otros los que tienen un trato preferencial. Esta lógica impregna todo el pensamiento cristiano desde sus orígenes, al punto que más tarde el propio San Pablo dirá: “Hermanos, no hagan nada por espíritu de rivalidad o por vanagloria, sino cada uno de ustedes con toda humildad consideren a los demás superiores a sí mismo, sin buscar el propio interés, sino más bien el de los demás” (Flp 2,3-4). Y, en Rm 12,16 dice: “Tengan los mismos sentimientos los unos por los otros; no aspiren a cosas demasiadas altas, inclínense más bien a las humildes”. Esta es la gran lección para nuestro día a día que hay que poner en práctica. En conclusión, la regla fundamental del Reino es que todos renunciemos a toda pretensión de salvarse por sí mismo, con sus títulos personales y méritos pastorales. Debemos dejar que sea esa justicia divina que un día nos diga: “¡Amigo, sube más arriba!”.

Propósito de la semana: Invitaré a mi mesa a uno de esos que el Evangelio de hoy enumera: pobres, inválidos, cojos, ciegos, etc.

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