Padre Mario Portillo: “La vida vocacional no es un camino mercantil que solo busca tener más”

Su sacerdocio es marcado por la muerte de un amigo y una enfermedad de su padre

Es originario de Azacualpa Valle, nació en Santa Bárbara el 27 de diciembre de 1986. Es el último de 8 hermanos. Desde pequeño le tocó sembrar tabaco, vender productos en un mercadito entre otras actividades. A pesar de esta afanada vida, siempre dejó espacio para sus estudios que lo convirtieron en perito mercantil. “Yo quería graduarme para ayudar a mi familia después estudiar una licenciatura en contaduría, porque me gustan mucho los números, las ventas y yo siempre quise estar en ese mundo” explica.

Familia

“A pesar no conocí a mi padre biológico, él que me acogió como su hijo lo calificó como un San José en mi vida, porque desde su sencillez y pocas palabras, supo impulsarme al igual que mi madre que, a pesar de los problemas comunes de las familias, no dejaron que mis hermanos y yo fracasáramos en la vida” expuso.

Dios

El Padre Mario nos cuenta que son figuras como las del Padre Ricardo Padilla, el Presbítero Jesús María de los sacerdotes Pasionistas que son los que sirven en la Iglesia de Santa Bárbara y el Padre Marco Aurelio Lorenzo que era diocesano, los que lo motivan a servir más en la Iglesia.

Cambios

El presbítero relató que le tocaba ir a hacer su noviciado en España con los Pasionistas, pero tomó una determinación que cambió su recorrido vocacional. “Yo decido no irme por la misma juventud y el amor a mi madre. Luego pedí incardinarme en Honduras, por lo que me mandan a la Diócesis de Copán para luego venirme a Tegucigalpa al Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa a estudiar Teología” dijo, pero llegó un momento en el que se salió del Seminario en el año 2010 y regresó a su casa.

Ese año pasaron dos acontecimientos que lo marcaron. Uno fue la muerte de un amigo que se llamaba Edgardo Recinos quien falleció en sus manos ya que tomó la decisión de suicidarse con una pastilla. “Recuerdo que yo lo llevaba en el taxi porque en el hospital me dijeron que lo sacara porque allí lo único que le esperaba era la morgue. A mí me tocó hacer una celebración de la Palabra en el cementerio y lo segundo, es cuando a mi padre se le reventó el apéndice y tuve que cuidarlo”. Esas cosas lo hicieron pensar que tenía que volver al Seminario, por lo que habló para poder incardinarse en Tegucigalpa.

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