“Miren, vigilen, pues no saben cuándo es el momento” (Mc. 13,33-37)

Homilía de Su Eminencia Cardenal Óscar Andrés Rodríguez para este primer domingo de adviento

Estas palabras de Jesús en el Evangelio de este primer domingo de Adviento son una invitación a la vigilancia. Una llamada a vivir de manera lúcida, sin dejarnos arrastrar por la superficialidad que parece invadirlo todo. Jesús nos pone de relieve cuál tiene que ser la actitud ante el momento de su venida: El permanecer despiertos, vigilantes, en vela, respecto al “momento”.

¿De qué “momento” se trata?

En griego hay dos palabras que traducimos al español por “tiempo”: “kairós” y “chronos”. Chronos significa el tiempo astronómico, es decir, los años o las semanas que pasan, las horas del reloj etc. Kairós sería el tiempo psicológico, el momento oportuno para tomar una decisión.  El momento (kairós) es de la venida del Señor ante el que tenemos que tomar una decisión. Sí, el Señor viene constantemente a nuestra vida y un día vendrá de manera definitiva. El sigue viniendo en cada momento a nuestra vida. Si dormimos, no lo oímos; si huimos, no lo encontramos. Sólo el que permanece en vela, despierto, vigilante, lo encuentra. Es el momento en que necesitamos estar despiertos para aceptar su venida permanente a nuestra vida.

El texto dice: “Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara”. Es una pequeña parábola. El Evangelio presenta a un hombre que se marcha lejos confiando a los criados el cuidado de sus bienes. No insiste en el cuidado de los bienes sino en la actitud alerta y vigilante que deben tener porque no se conoce la llegada del amo. Como al portero se nos ha hecho el encargo de velar. El regreso del dueño puede ser de improviso.

En este pasaje del Evangelio de hoy se repite tres veces el verbo “velen” y una vez el sinónimo “vigilen”. Y también se menciona el verbo contrario: “estar dormidos”. Es una llamada a estar despiertos, con los ojos bien abiertos, lúcidos de lo que vivimos de nosotros mismos y lúcidos de lo pasa alrededor nuestro… ¿No tendríamos que despertar de la frivolidad que nos rodea y nos impide escuchar la voz de nuestra conciencia profunda?

Esta somnolencia embota nuestra senilidad, y ya no nos inquieta el poder del mal en el mundo, la injusticia y el sufrimiento que devastan la tierra.

“Velen entonces, porque no saben cuando vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o al amanecer”.

Jesús insiste que hay que permanecer en vela siempre; “, a media noche, al canto del gallo, al amanecer al atardecer…”  (Eran las cuatro vigilias en que se dividía la noche en aquel tiempo). Permanezcan en vela siempre… Esto quiere decir que no podemos vivir adormecidos.

El Señor viene siempre, sabe que tenemos tendencia al sueño y a la modorra. Que vivimos distraídos de lo esencial, alienados a las mil formas de alienación y que la Vida se nos escapa.

Hoy sería bueno preguntarnos cada uno: ¿Estoy despierto o me he ido durmiendo poco a poco? ¿Me atrevo a salir al encuentro de Jesús que viene? ¿Estoy dispuesto a dejar lo que me obstaculiza encontrarme con Jesús en este Adviento?

“Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos, ¡velen!”, así termina el Evangelio de hoy: “Velen”. Esta invitación no es sólo para los discípulos que le están escuchando, (lo que les pido a ustedes lo digo a todos), es decir, es para los discípulos de todos los tiempos. Sólo así podremos descubrir su Presencia en nuestra vida y en el mundo.

Corremos el riesgo de pasarnos la vida entera enrollados en mil intereses superficiales, ajenos al Reino de Dios y al sentido más profundo de nuestra vida.

Son muchos los hombres y mujeres que caminan por la vida sin rumbo y sin sentido, con el riesgo de no descubrir nunca una fuerza interior que los despierte de su indiferencia y superficialidad.

Ya han pasado mas de dos mil años de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta invitación de Jesús a permanecer despiertos? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la mediocridad con que vivimos nuestra fe cristiana? ¿No necesitamos recuperar el Rostro vivo de Jesús y establecer una relación vital con Él? ¿Quién como Él puede despertar nuestro cristianismo de la inercia y de la falta de entusiasmo? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría, su libertad y su fuerza liberadora?

El Señor puede venir en cualquier momento… Y necesitamos esperarlo, con las puertas abiertas de par en par, con los ojos liberados de la pesadumbre y el corazón abierto a su Presencia. Ni el miedo, ni la angustia, ni el agobio, ni la despreocupación, ni la evasión son buenas actitudes para esperarlo.

Comenzamos hoy el Adviento, durante este tiempo resonará la oración: Ven Señor. ¡Marana Tha!¡Ven Señor!

Ven para los pobres, para los indefensos, para los hambrientos de pan y de justicia. Ven para los refugiados, para los inmigrantes, para los que no tienen trabajo, para los heridos por la vida… Ven para los que sufren la pandemia y sus secuelas… Ven para tu Iglesia… Ven para nosotros que somos frágiles… Solo Tú, Señor Resucitado, con tu venida, puedes devolver a este mundo la esperanza que tanto necesitamos.

 

 

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