Lo que rompe el aborto puede ser sanado por Dios

Por Karen Kuwahn

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La mayoría de las mujeres que hablan del dolor tras un aborto lo hacen desde la condena, se dicen a sí mismas: “No sé porque lloro si yo misma lo elegí”

El aborto presenta muchos escollos y abismos entre los cuales existe uno que es importantísimo: Es irreversible, no hay marcha atrás, se pueden tener más hijos, vivir más maternidades, pero ese bebé en concreto ya nunca más. Es una decisión dolorosa que forma parte de los días más terribles de la historia de una mujer, es un vaivén infernal entre querer seguir con el embarazo y tomar acción en interrumpirlo.

Esa condena personal también puede doler porque en el fondo hay un deseo inconsciente de ser madre, pues desde el momento de la concepción se establece un vínculo emocional y espiritual con ese bebé en gestación, un vínculo que no se va a romper por el hecho de romper un vínculo físico. El vacío que se experimenta después de un aborto a nivel físico y emocional es enorme.

Un día, una mujer comentó que había soñado con una muñeca rota que tenía de pequeña y que se había visto a sí misma en ella. Es de entender que el aborto duele porque no solo se pierde lo que ya nunca se tendrá, sino que a menudo se pierden los vínculos que unen a las personas implicadas (Pareja, familiares, amigos cercanos), que se ven tocados o rotos, pero sobre todo algo se rompe en el interior de quien ha abortado.

Un corazón roto no se remienda con juicios y condenas, un corazón roto necesita comprensión, un espacio donde llorar lo que ha perdido y donde reconstruirse, un lugar donde permita al creador de la vida que lo vaya sanando.

Cuando el hijo pródigo decide volver a la casa de su padre, después de haber destruido y malgastado su herencia, sabe que ha fallado, pero regresa con la seguridad que será nuevamente recibido con amor y misericordia. Y el padre que siempre estuvo a la espera de su regreso, preparó el mejor banquete y las mejores vestiduras para quien había muerto, pero ahora había vuelto a la vida.

No dudes en emprender el camino de regreso hacia Dios, Él nunca te juzgará ni te condenará, te abrirá los brazos y te regresará tu dignidad de hija de Dios. Él es experto en reparar lo que está roto.

Si estás dispuesta a reiniciar tu vida con esperanza y llenarte del amor misericordioso de Dios puedes vivir una experiencia del VIÑEDO DE RAQUEL, un espacio para sanar tus heridas producidas por un aborto.
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(Fragmento tomado del libro Cartas intimas después de un aborto voluntario)

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