Las mujeres lencas son el fiel reflejo de fe hacia “La Morenita”

Por Manuel Alfaro-La historia de doña Catalina Alfaro, una humilde devota a la Virgen de Suyapa, es ejemplo de un milagro de amor

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Año con año, miles de familias en las que al frente de ellas hay mujeres de tierra adentro, llegan a los predios de la Basílica de Suyapa a pagar sus promesas. A dos años de la pandemia, no se ven a estas humildes figuras maternas pernoctando en los alrededores de la casa de la Madre, pero eso no hace que su fe se pierda. Doña Catalina Alfaro, es una de las muchas mujeres hondureñas, que marcan un devenir de mucho sacrificio y una fe que nace en los momentos de dolor. Su vida ya era difícil, le diagnosticaron una enfermedad, de la cual los médicos solo le calculaban un mes de vida.

Milagros

Tras la fatídica noticia de una muerte prematura, doña Catalina, enferma y con varias bocas que alimentar, dobló rodillas y dijo a la Virgen de Suyapa que, si intercedía por ella ante nuestro Señor Jesucristo, la visitaría a su Basílica todos los años que le quedaran de vida. Llegó el mes en que se esperaba su muerte y Catalina seguía viva.

Año con año viajaba con don Marcos Valenzuela y su familia, quienes tenían un hijo estudiando en Tegucigalpa y les hospedaba en ocasiones para que pudieran peregrinar hasta la aldea de Suyapa y poder divisar entre la multitud a la imagen de “La Morenita” y agradecerle por su vida. Cuando retornaba a su pueblo, siempre estaba muy contenta, pues había hecho sus oraciones, además acostumbraba comprar maicillo para hacer alborotos y que sus hijos pudieran comer, tradición que ahora también disfrutaron sus nietos.

Siempre soñó volver a ver a sus hermanos que por la muerte de su madre tuvieron que separarse para sobrevivir y el segundo milagro llegó siempre rogando a la Madre del Cielo. Después de 40 años escuchó un anuncio en la radio “La Voz de Occidente” donde una persona preguntaba por alguien con su nombre y que pudiera ayudar a encontrarla. Así Dios, a través de la Virgen de Suyapa, le cumplió su segundo milagro, que era el de reencontrarse con sus familiares.

Fallecimiento

Los años pasaron y nunca dejó de visitar a la Virgen de Suyapa, hasta que un día, en el año 2006, al igual que su madre, en su casita del Barrio Santa Eduviges, a los 85 años de edad, donde aún hacía tortillas para vender, sufrió una caída y se quebró la cadera, quedando hospitalizada y de gravedad. En su lecho de enferma, confiaba en Dios y su pronto retorno a casa para seguir trabajando. Pidió un sacerdote, pero él no le entendía porque ya no se expresaba con claridad. Una nieta se le acercó y le preguntó ¿Quiere que oremos por usted abuelita? y con un movimiento con la cabeza dijo sí. Horas después de las plegarias partió a la “Patria celestial” a su encuentro con Jesucristo y la Virgen de Suyapa, a quienes amó toda su vida.

Legado

Dejó un gran ejemplo de fe y amor al Señor, así como una confianza en la Patrona de Honduras que es recordada por toda su familia y amistades, ya que ella siempre fue una mujer íntegra y respetable, aún en su pobreza, convirtiéndose en un gran ejemplo de trabajo y perseverancia. Estas son historias de gente humilde, pero que al final se convierten en verdaderos ejemplos del amor de Dios y de gran devoción.

Peticiones y ruegos

Muchas de estas mujeres se preocupan por la situación de sus hijos y al recibir el milagro de Dios a través de la Virgen, vienen a pagar sus ofrendas o encender una velita.

1 Humildad

A estas mujeres les interesa llegar a los pies de la Virgen de Suyapa para poder hacer una petición sincera, pero siempre respetando a quienes también le visitan. La fe de estas humildes féminas se ve reflejada en sus rostros y en su forma de orar.

2 Generaciones

Cada año, muchas mujeres de ellas vienen con imágenes en afiches e incluso en estatuillas de la Patrona de Honduras, porque sus madres o abuelas les enseñaron que debían de presentar sus respetos a la Madre de Dios. Esas tradiciones no se pierden nunca.

3 Preocupaciones

Las madres de tierra adentro que vienen hasta la Basílica de Suyapa, a veces solo traen el pasaje y algo para poder comer entre todos sus familiares. Con dedicación y mucho esfuerzo, estas mujeres se acercan con fe y mucha devoción a pesar de los problemas que ha dejado la pandemia.

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