Las Carmelitas Descalzas son un oasis de fe para la Iglesia Universal

Esta congregación de religiosas fue reformada por Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz en el siglo XVI

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El monte Carmelo, donde se apareció la Santísima Virgen María, es considerado desde siempre como una montaña santa. El profeta Elías, hizo de este lugar un refugio de fidelidad a Dios y de encuentro entre el Señor y su pueblo (1 R, 18-39) y este ideal de “Arder de celo por el Dios vivo” se perpetuo en este lugar.

La Orden de las Carmelitas Descalzas surgió en el siglo XVIII y desde sus orígenes se puso bajo la protección de la Madre de Dios con el nombre de “Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo”, pero debido a las circunstancias de aquel momento, tuvieron que huir a Europa y adaptarse a la nueva realidad que se tornó alejada de la esencia de la fundación, es por eso que en el siglo XVI aparece Santa Teresa de Ávila.

La hermana Sara Teresa de la Madre de Dios, Carmelita Descalza en el Monte Carmelo Haifa, describe que Santa Teresa de Ávila fue impulsada por el Señor en diversas gracias místicas que la hacían vivir en carne propia los dolores de la Iglesia, lo que la llevó a renovar el Carmelo orientándolo por completo a la oración y contemplación, imprimiendo el sello de servicio a la Iglesia, como ella lo decía “Este es vuestro llamamiento”.

Se dice que Santa Teresa en su lecho de muerte en 1582, pronuncio estas palabras «Soy hija de la Iglesia» y así es como sor Sara Teresa define la vocación de una carmelita. Su vida se convierte en una ofrenda, llamadas a la contemplación en la oración y la vida, eligiendo la separación radical del mundo para vivir en soledad y silencio. Su profunda cercanía con Dios es el fundamento de su apostolado.

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