Homilía del Señor Arzobispo para la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

“Dichosa tú, que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 39-45)

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Nos unimos hoy al canto de María en esta fiesta de esperanza y alegría en que celebramos la Asunción de la Virgen María al cielo. Himno al Optimismo. Este es un Dogma de amor: – Por parte de Cristo. Por parte de los hombres: Tisserant, I – XI – 50, “Algo que tengo muy en el corazón”. “Donde yo estoy quiero que estén los míos”. (8Jn 17, 24). Hoy celebramos con gozo el misterio de María en su Asunción al cielo en cuerpo y alma como reina del universo. Este misterio encuentra su esplendor y significado en Cristo muerto y resucitado. María participa en él como primicia, como Madre para hacer partícipes a sus hijos.

Un amor eterno: Jesús no nos ha amado solamente con un amor temporal, pasajero. Nos ama con amor eterno. La fiesta de la Asunción es como un rayo de sol que nos invita a la Pascua eterna, a pregonar la resurrección de los muertos, la inmortalidad de nuestra mamá, el triunfo sobre el dolor humano. El destino de nuestra madre evoca el destino de todos sus hijos y de su familia la Iglesia. Un amor que no se detiene ante la muerte: Como Jesús, no se fue al cielo dejándonos huérfanos, sino que ha inaugurado una nueva vida al lado nuestro. Un amor total: También nuestro cuerpo es amado con amor eterno por Dios. Hoy es la fiesta del auténtico humanismo cristiano, del triunfo del amor humano. Dios lo ama, lo glorifica, lo hace eterno.

María es la Humanidad plenamente realizada. Pasó de condiciones menos humanas a condiciones más humanas. Cumbre de todo: reconocer los valores superiores. El Evangelio de este día nos presenta el encuentro de dos mujeres embarazadas, María e Isabel. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito”: “Bendita tú entre las mujeres”, ¿Qué quiere decir esta expresión “Bendita tú entre las mujeres?” Esta expresión es un superlativo que, en la lengua hebrea, quiere decir: eres una gran mujer, una super mujer y añade: “Bendito el fruto de tu vientre”.

¿Qué significa también “bendito el fruto de tu vientre”? significa que, en ese Hijo, fruto del vientre de María, ha sido bendecido todo ser humano: El, Cristo, el hijo de Dios y el hijo de María, es la esperanza del mundo y la esperanza para cada uno de nosotros. “¿Cómo es posible que la Madre de mi Señor venga a visitarme?”. ¿Pero cómo es posible que a mí se me regale lo que se me está regalando? Isabel la llama además “La madre de mi Señor”. Es una afirmación importante. Esto indica que la Iglesia primitiva de Jerusalén reconoce ya a María en el siglo I como la Madre del Señor. Nosotros continuamos invocando a María como la Madre del Señor y Madre de la Iglesia, de la comunidad. “Dichosa tú que has creído”.

Dichosa tú, que has dado confianza a la Palabra de Dios. Dichosa tú, que te has puesto en manos de Dios. Hoy podemos preguntarnos: ¿Cómo vivo mi confianza? ¿Creer en Dios me hace más feliz? ¿Cuántos creen que Dios busca solo y exclusivamente nuestro bien y felicidad? ¿No es Él la fuente de la verdadera alegría? Y María prorrumpe en un canto de alabanza a Dios: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Sí, María canta la grandeza del Señor. Esto significa que ella toma conciencia que el eje de su vida está en Dios, la alabanza le ayuda a centrar su vida en Dios. Nosotros estamos llamados también, a centrar nuestra vida en Dios y a vivir en la alabanza. A veces, nos creemos el centro de todo. Sin embargo, el día que decidimos alabar al Señor, y darle gracias expresamos que el centro de nuestra vida está en Dios y nuestra vida cambia. “Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador porque ha mirado la humildad de su esclava”.

María se alegra porque se siente mirada: la mirada es la expresión del amor de Dios: María se siente amada y nos hace descubrir que otra alegría es posible y nos lleva a la Fuente de la verdadera alegría. Ante tanta falsa alegría, María pone en su canto como fuente de la alegría y de la acción de gracias, aquello que está al alcance de todos nosotros, aquello que todos tenemos: la vida, la relación amorosa con Dios y su acción liberadora en nosotros. Hoy celebramos la fiesta de la Asunción de María: Celebramos que “María fue asunta al cielo en cuerpo y alma”, ¿Qué quiere decir que María fue asunta al cielo en cuerpo y alma? Quiere decir que María, en la plenitud integral de su persona, ha sido transformada por la Resurrección de Jesús y, por tanto, que nuestra vida entera, está destinada a ser también transformada por la Resurrección del Señor.

Al afirmar que María «ha sido asunta» en la gloria de los cielos tras su muerte, supone que ella ha entrado en la plenitud de la pascua. Eso es posible para todos los seres humanos. En esta fiesta de la Asunción de María, celebramos que María está totalmente salvada, “toda ella”. No solo su alma, no solo su espíritu, toda su persona. La manera como María vivió, se relacionó, amó, sufrió, se compadeció… Todo en ella está ya eternizada en Dios. María es toda y plenamente dichosa y feliz. Hoy podríamos decir también que celebramos la Fiesta de nuestra esperanza terrestre, es decir, estamos llamados a la plenitud de seres humanos.

Hoy, como María, podemos volvernos a Jesús Resucitado en nuestro corazón para decirle: Tú eres mi Salvador, Tú eres el Amor fiel, ayúdanos a vivir plenamente. Que con María podamos cantarte por siempre el canto de nuestra esperanza y de nuestra alegría. “Tú eres mi Salvador, Tú eres el Amor fiel, ayúdanos a vivir plenamente. Que con María podamos cantarte por siempre el canto de nuestra esperanza y de nuestra alegría” “María es la Humanidad plenamente realizada. Pasó de condiciones menos humanas a condiciones más humanas” Del 15 al 21 de agosto.

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