Francisco pide a los reclusos no ceder a la desesperación: Siempre vale la pena vivir

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En la cuarta etapa de su visita pastoral a Verona, el Papa Francisco hizo una parada significativa en la cárcel de Montorio, donde dirigió un mensaje de esperanza y aliento a los reclusos. En lugar de centrarse únicamente en las culpas, los juicios y las incomprensiones que pueden oscurecer la vida cotidiana de los presos, el Pontífice también abordó problemas graves como la superpoblación carcelaria y la frecuencia de los suicidios, subrayando la necesidad de ofrecer una oportunidad real de cambio en sus vidas.

Durante su visita, Francisco expresó que “todos tenemos derecho a la esperanza, más allá de cada historia y de cada error o fracaso”. Afirmó que, a pesar de que las cárceles son lugares de “humanidad probada, atravesada por dificultades, culpas, juicios y sufrimientos”, el deseo de redención y perdón se manifiesta en el rostro de Cristo y del Dios de la misericordia. Sus palabras fueron recibidas con emoción y alegría, acompañadas de cantos por los reclusos, funcionarios, voluntarios y religiosos que comparten el día a día entre muros, a veces llenos de desesperación, pero también de confianza en una segunda oportunidad.

El Papa subrayó que con Dios a nuestro lado, es posible superar la desesperación y encontrar la fuerza para comenzar de nuevo. “Siempre vale la pena vivir,” enfatizó Francisco, alentando a los presos a no rendirse ante las dificultades y a mantener viva la esperanza en un futuro mejor.

La visita comenzó a las 11:45 de la mañana, con un caluroso recibimiento por parte de la directora del penitenciario, Francesca Gioieni, el director de la Policía Penitenciaria, Mario Piramide, así como funcionarios de prisiones, reclusos y voluntarios. La jornada continuó con la perspectiva de un almuerzo compartido con el Papa, consolidando un ambiente de cercanía y apoyo mutuo.

Francisco instó a todos a trabajar juntos para crear un ambiente que permita a los reclusos dejar atrás el lastre del pasado, levantarse y tomar las riendas de una nueva vida. Su mensaje fue claro: en medio de las sombras, siempre hay espacio para la luz y la esperanza, y es tarea de todos hacer posible este renacer.

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