¿Qué hacer cuando una pérdida desgarra la fe y sumerge a las personas en la duda o el abandono de Dios? ¿Cómo la Iglesia puede ayudar a sanar estas heridas? Expertos indican que no basta con palabras de consuelo, sino que, urge un acompañamiento que, guíe al corazón inquieto hacia la esperanza en Cristo.  

Acompañamiento

El Padre Douglas Viera, de la Diócesis de Danlí indica que, ante una tragedia, renegar de Dios es una reacción muy humana, porque en momentos de dolor, “no logramos entender que hay veces en que Dios saca a las personas de entre nosotros puede ser una forma de liberación y hay que darles tiempo”. La oración, el acompañamiento, la escucha, son elementos esenciales en esta etapa. Según el presbítero, es válido cuestionarnos, cuestionar nuestra fe, pero no quedarnos en el cuestionamiento, sino buscar mejores cimientos.  Benedicto XVI destacó la esperanza que debe surgir en la persona, cuando pierde un ser querido, teniendo como meta, la esperanza que da la resurrección. “Jesús revolucionó el sentido de la muerte. Lo hizo con su enseñanza, pero sobre todo afrontando él mismo la muerte” dijo.

Hebreos 12,2
“Fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios”.

Testimonio

Merlin Rosales, coordinadora diocesana del movimiento Juan XXIII, comparte su experiencia personal: “En 2009 sufrí una pérdida. Ese fin de semana, mientras me preparaba para ser delegada de la Palabra de Dios, estaba embarazada y perdí a mi primer hijo. Me enojé mucho con Dios y, por un tiempo, abandoné mi fe”. Sin embargo, destaca que el acompañamiento fue clave para su sanación. “Podemos acercar a las personas a la fe, ayudarlas a reconocer y confiar en Dios, entendiendo que lo sucedido no es culpa suya, sino parte de las pruebas que enfrentamos como humanos. La oración y el acompañamiento son esenciales”, afirma. Hablar del amor incondicional de Dios, sin medida ni interés, es fundamental para no perder la fe. Merlin subraya la importancia de mantener la esperanza en el reencuentro con los seres queridos, hijos, esposos, hermanos, padres, en la presencia de Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica en los numerales 988-1019 subraya que la fe en la resurrección es un pilar para enfrentar el duelo. Nuestra fe en la vida eterna afirma que los lazos de amor no se rompen con la muerte. San Juan 11,25-26 nos recuerda que, Jesús dice “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás”.

“El amor de Dios, operante en Jesús, ha dado un sentido nuevo a toda la existencia del hombre, y así ha transformado también el morir”

Benedicto XVI
Papa

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