El Papa advierte sobre los peligros de la tristeza que corroe el corazón

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Durante la audiencia general de esta mañana, el Papa Francisco ofreció una reflexión profunda sobre lo que describió como una “enfermedad del alma” que puede debilitar y abatir a una persona hasta el punto de derribarla. Alertó sobre el peligro de este “demonio astuto” que debe ser combatido recordando a Jesús, quien trae consigo la alegría de la resurrección.

La tristeza, entendida como “un abatimiento del alma, una aflicción constante que impide al hombre experimentar la alegría”, fue el centro de la catequesis del Papa Francisco este miércoles 7 de febrero, la séptima de su serie dedicada a los vicios y las virtudes. La audiencia se llevó a cabo en el Aula Pablo VI, con la asistencia de unas cinco mil quinientas personas entre fieles y peregrinos de los cinco continentes.

El Papa destacó la necesidad de distinguir entre dos tipos de tristeza: aquella que forma parte del proceso de conversión del cristiano y que la gracia de Dios transforma en alegría, y la que “se insinúa en el alma y la postra en un estado de abatimiento”. Es esta última la que debe ser combatida, subrayó Francisco.

En su discurso, el Papa explicó que esta tristeza, que calificó como “una enfermedad del alma”, está ligada a la experiencia de pérdida y nace en el corazón por el desvanecimiento de un deseo, un sueño o una esperanza. Citó el episodio de los discípulos de Emaús, quienes caminaban hacia Jerusalén “con el corazón desilusionado”.

Francisco advirtió sobre los peligros de permitir que esta tristeza se convierta en un estado permanente, llevando a la melancolía y el desánimo. De ser una emoción natural, señaló el Papa, la tristeza se convierte en algo maligno que erosiona el espíritu y lleva al egoísmo.

El Papa ofreció ejemplos concretos de situaciones que pueden alimentar esta tristeza, como los lutos prolongados y las amarguras rencorosas que pueden conducir a actitudes vengativas o victimistas. Advirtió sobre el peligro de regodearse en la tristeza, describiéndola como “el placer del no placer”.

En su conclusión, el Papa Francisco instó a estar atentos a la tristeza y recordar que Jesús trae consigo la alegría de la resurrección. Animó a detenerse y reflexionar sobre la naturaleza de la tristeza y reaccionar en consecuencia, evitando que esta emoción negativa lleve al pesimismo y al egoísmo.

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