EDITORIAL-La gestión gubernamental y el acceso a la vacuna contra el COVID-19

A pesar que se anuncia la cobertura con la vacuna de un 81 por ciento de la población, surgen las dudas de cómo se manejará el medicamento.

La envidia es pecado y las comparaciones son odiosas pero el hondureño común se pregunta ¿Por qué Costa Rica ya está vacunando a su población? y se lee en los periódicos que su Gobierno ha planeado recibir 1 millón de vacunas suministradas por AztraZeneca, y que también tiene convenios con Pfizer y BioNTech por 3 millones de vacunas en total, lo que garantiza suministros para 2,5 millones de personas. ¿Por qué no ocurre lo mismo en Honduras? La respuesta puede tener variados matices políticos e ideológicos y no pretendemos tener la respuesta, pero la percepción generalizada es que los ciudadanos estamos a merced de políticos que toman decisiones casi a ciegas, sin aplicar los principios éticos, morales, como de transparencia, responsabilidad y la participación ciudadana, sino que siguen una línea de ensayo y error que pone en riesgo a la gran mayoría de personas que sufren cada día las consecuencias de esas malas o aviesas decisiones.

Estamos claros que Honduras enfrenta desafíos sin precedentes a causa de la pandemia del COVID-19, a lo que se suma la destrucción de la infraestructura productiva y social a raíz de los recientes huracanes que se ensañaron con nuestro país. Pero el tiempo perdido en malas decisiones es imposible de recuperar y se paga un precio muy alto: con muerte de inocentes, además, de la agudización de la pobreza y la miseria.

Los acontecimientos y desgracias del último año, la incertidumbre en el acceso a la o las vacunas, no ha hecho otra cosa que poner al descubierto el bajo nivel de operatividad del Estado, responsabilidad que no puede ser atribuible exclusivamente al actual Gobierno,
pues durante años hemos sufrido del aprovechamiento del caos, la tragedia y la falta de controles para enriquecerse, para llenar los bolsillos de cuanto funcionario inescrupuloso llego al Estado.

Así es que tener acceso a la inmunización contra el mortal SARS-CoV-2 en un país del tercer mundo como el nuestro pasa porque se tenga los recursos para adquirirla, la eficacia
de las instancias diplomáticas del país en las  negociaciones con las farmacéuticas, de
la capacidad del país de proveer una red de frío que asegure la conservación de la vacuna desde el almacén hasta el ciudadano y que los deseos del señor Director de la OMS  se cumplan: “Queremos que todo el mundo tenga acceso a las vacunas, pero inicialmente, cuando la oferta es limitada, se debe dar prioridad a los trabajadores esenciales y a los que
están en mayor riesgo, incluidas las personas mayores y con afecciones subyacentes.

En otras palabras, la prioridad debe ser vacunar a algunas personas en todos los países, en lugar de a todas las personas en algunos países”. La “normalidad” como la vivíamos antes del 11 de marzo del 2020, está muy lejana, tendremos que seguir usando mascarilla, lavándonos las manos con mucha frecuencia y manteniendo la distancia de dos metros
si queremos mantenernos sanos.

Ante la falta de transparencia y los reiterados actos de corrupción denunciados, necesitamos unirnos pues la unidad nacional es esencial si queremos salir del atolladero y si nos importa la gente. No puede haber complacencia con la inoperancia y mucho menos frente al dolo, confiemos en que en abril de este año comenzarán las vacunaciones contra Covid-19, según lo anunciado por nuestras autoridades.

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