“Deus caristas est”: Dios es caridad cada día cobra más vigencia

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Para nadie es extraño que la Iglesia ha acompañado siempre a los más pobres a través del servicio y la caridad. En estos tiempos en el que vivimos en medio de una pandemia, la Iglesia se ha proyectado sin duda haciendo eco de la encíclica Deus caritas est (Dios es Caridad) es la primera escrita por el Papa Benedicto XVI y trata sobre el amor cristiano. Fue promulgada el 25 de diciembre de 2005 en ocho idiomas: latín, español, inglés, francés, alemán, italiano, polaco y portugués. Consta de 42 párrafos, empieza afirmando que la expresión Dios es Amor, es el centro de la fe cristiana. La encíclica hace una reflexión sobre los conceptos de eros ( amor sexual), ágape ( amor incondicional) logos ( la palabra) y su relación con las enseñanzas de Jesucristo.

La primera mitad de la enciclica es más filosófica, estableciendo y delimitando el significado de la palabra amor. La segunda mitad, basada en un informe preparado por el Consejo Pontificio Cor Unum, es más practica y considera actividades caritativas de la Iglesia como una expresión de amor, refiriéndose a su triple responsabilidad la proclamación de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el ejercicio del ministerio de la caridad. En este ámbito afirma que la Iglesia no puede quedarse al margen de la lucha por la justicia pero su tarea no es la política sino el servicio de amor desinteresado.

La caridad como tarea de la Iglesia

El Papa señala que “El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad. También la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor. En consecuencia, el amor necesita también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado. La Iglesia ha sido consciente de que esta tarea ha tenido una importancia constitutiva para ella desde sus comienzos: “Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno ” (Hch 2, 44-45).

Además sostiene que “Según el modelo expuesto en la parábola del Buen Samaritano, la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados, etc. Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por Cáritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposición los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempeñan estos cometidos. Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente: quienes prestan ayuda han de ser formados de manera que sepan hacer lo más apropiado y de la manera más adecuada, asumiendo el compromiso de que se continúe después las atenciones necesarias. Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por sí sola no basta”.

https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

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