Reflexión | El regreso del pastor a su casa

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Columnista Semanario Fides, Portavoz C.E.H y arquidiócesis de Tegucigalpa

Gracias a Dios y a las oraciones de millones de personas, incluso no católicos, el Santo Padre ha podido retornar, el domingo recién pasado a su casa, en Santa Marta, donde él decidió residir después de haber sido elegido Papa y no en el Palacio Apostólico que ha sido la residencia histórica de los romanos pontífices. Su regreso es sin duda, uno de los momentos particularmente más importantes de su pontificado, aunque a simple vista parezca solo el regreso de un enfermo que ha superado una crisis. Sin embargo, al escuchar las declaraciones de su médico de cabecera respecto a dicha crisis que vivió en la segunda semana de estar internado en el Hospital Gemelli, la situación fue más seria de lo que nos imaginábamos y el Santo Padre estuvo efectivamente a punto de morir. No solo es de admirar su espíritu combativo, porque se nota, sobre todo, su sentido de responsabilidad, porque como san Pablo se encontró en la disyuntiva de preguntarse si era estar con Cristo lo mejor, o si seguir sirviendo a sus hermanos aquí en la Tierra podría ser incluso mejor. De hecho, en estos días, me he encontrado con una viñeta que hacía referencia a eso.

Todavía no era su tiempo. Tiene trabajo por hacer. Justo estoy escribiendo estas líneas, cuándo se celebran 5 años de lo que para muchos fue el punto más alto de su pontificado: la Statio Orbis, es decir, aquel momento en el que el santo padre, en una Plaza San Pedro completamente vacía, oraba por el mundo entero, para que cesase la pandemia. Las palabras que pronunció en aquella ocasión quedaron profundamente grabadas en el corazón de aquellos que entendíamos más allá del simbolismo de lo que estaba ocurriendo, porque su reflexión nos hizo recordar que en medio de la tormenta que atravesábamos, no estábamos solos.

Bien es cierto, que en muchas ocasiones parece como que si Jesús duerme; parece como si no le importa lo que estamos sufriendo. Sin embargo, aquella cruz frente a la que rezó el Papa, nos recordó a todos, como nos lo han recordado estos 37 días en los que estuvo en el hospital, que Cristo no se bajó de la cruz, sino que asumió el dolor y lo volvió redentor, un dolor que redime. También es cierto, que todas las oraciones que hemos dirigido en estos días a Dios pidiendo por la recuperación del santo padre, eran en el fondo una respuesta a las oraciones y sacrificios que él ha hecho por nosotros, por la iglesia que se le confió. “Levántate y come, que queda mucho por andar”, es lo que debe escuchar en su corazón el Santo Padre en nuestros días, porque como un moderno Elías, debe enfrentar a las Jezabeles modernas y vencer a los profetas de los Baales de este mundo que, muchas veces, se presentan en defensores de una verdad, que sólo es suya.

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